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Enfoque Sistemático en la Prevención, Monitoreo Del Laftfpadm
Por: Roberto Carlos Molina | Abogado y Consultor Independiente en AMLCA – Asociado Certificado en Antilavado de Activos, CVAA – Asociado Certificado en Activos Digitales
La sustitución del término “lavado de dinero” por “lavado de activos” amplía de manera significativa el alcance de la normativa, reconociendo que el delito no se limita al dinero en efectivo, sino que abarca cualquier bien, derecho o instrumento susceptible de valoración económica.
El lavado de activos constituye uno de los delitos financieros más complejos y de mayor impacto a nivel global. Su carácter transnacional, su alto grado de sofisticación y la constante evolución de sus métodos lo convierten en una amenaza significativa para la estabilidad de los sistemas financieros, la seguridad nacional y la gobernanza económica de los Estados.
A través de esta actividad ilícita, las organizaciones criminales logran integrar al sistema económico formal recursos provenientes de delitos graves, generando así una apariencia de legalidad que dificulta su detección. Estos recursos no solo representan beneficios económicos ilícitos, sino que constituyen la principal fuente de financiamiento de estructuras criminales y terroristas. Mediante el lavado de activos se solventan gastos operativos de estas estructuras tales como la adquisición de armamento, municiones, insumos logísticos, transporte, alimentos, vestimenta y otros recursos necesarios para sostener tanto a combatientes como a personal no combatiente.
En consecuencia, el lavado de activos no debe analizarse únicamente como un delito económico, sino como un facilitador directo de amenazas a la seguridad y al orden público internacional. En respuesta a esta problemática, la nueva Ley para la Prevención, Control y Sanción del Lavado de Activos, el Financiamiento del Terrorismo y el Financiamiento a la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva recientemente aprobada introduce un cambio conceptual y normativo relevante.
La sustitución del término “lavado de dinero” por “lavado de activos” amplía de manera significativa el alcance de la normativa, reconociendo que el delito no se limita al dinero en efectivo, sino que abarca cualquier bien, derecho o instrumento susceptible de valoración económica. Este enfoque integral incluye activos tangibles e intangibles, tales como bienes muebles e inmuebles, activos digitales, criptomonedas, valores negociables, certificados financieros, derechos fiduciarios y cualquier documento que represente o respalde un valor económico convertible.
Esta ampliación responde a la realidad de los mercados financieros modernos, donde los flujos ilícitos se canalizan a través de mecanismos cada vez más complejos y tecnológicos. De igual manera, la normativa incorpora de forma expresa la prevención del financiamiento del terrorismo y de la proliferación de armas de destrucción masiva. Estas conductas representan riesgos sistémicos, ya que permiten la subsistencia de organizaciones que operan fuera del marco legal, afectan la estabilidad regional y ponen en peligro la seguridad internacional.
Los Legisladores identifican que privar a estas estructuras de recursos financieros es una de las herramientas más eficaces para neutralizar su capacidad operativa. Un elemento central de este marco normativo es la adopción del enfoque basado en riesgo, considerado actualmente el estándar internacional en materia de prevención.
Este enfoque exige que los sujetos obligados identifiquen, evalúen y gestionen los riesgos asociados a sus clientes, proveedores, contrapartes, productos, servicios y jurisdicciones. No todos los riesgos son iguales ni requieren el mismo nivel de control, por lo que la normativa promueve una asignación proporcional y eficiente de recursos. La evaluación de riesgos se realiza mediante matrices de riesgo especializadas y herramientas tecnológicas que permiten cuantificar la probabilidad y el impacto de eventos asociados al lavado de activos o al financiamiento ilícito.
En este proceso pueden emplearse sistemas automatizados, inteligencia artificial, análisis de big data y la intervención de profesionales capacitados. El resultado de esta evaluación determina el nivel de debida diligencia que debe aplicarse en cada caso. Cuando el riesgo identificado resulta tolerable y gestionable, la relación comercial puede mantenerse bajo controles reforzados. Sin embargo, cuando el riesgo es considerado alto y de difícil mitigación, los sujetos obligados deben optar por evitarlo, incluso mediante la terminación de la relación.
En este contexto surge el concepto de de-risking, entendido como la eliminación del riesgo a través del cierre de relaciones con clientes, proveedores o contrapartes que representan una amenaza significativa. No obstante, el de-risking plantea desafíos importantes. Una aplicación indiscriminada puede generar exclusión financiera, afectar sectores enteros de la economía y limitar el acceso a servicios financieros legítimos. Por ello, resulta fundamental analizar el equilibrio entre el costo del de-risking y la adecuada gestión del riesgo, evaluando las consecuencias regulatorias, económicas y reputacionales de cada decisión.
A nivel internacional, el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) desempeña un papel clave en el establecimiento de estándares globales. Sus 40 Recomendaciones constituyen el marco de referencia para los países y sectores obligados, promoviendo la adopción de medidas efectivas para combatir el lavado de activos, el financiamiento del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva. Estas recomendaciones son objeto de actualizaciones periódicas, con el fin de adaptarse a nuevas tipologías delictivas y avances tecnológicos.
Entre los principios fundamentales del GAFI destacan el conocimiento del cliente, proveedor o contraparte, el monitoreo continuo de operaciones, el reporte de transacciones sospechosas, la implementación de controles internos sólidos, la cooperación con autoridades competentes y la protección de la confidencialidad de la información. Asimismo, se enfatiza la importancia de la cooperación internacional como elemento esencial para enfrentar delitos de carácter transnacional. En este escenario, la inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como una herramienta estratégica en los sistemas de prevención.
Sus aplicaciones permiten mejorar la detección de patrones inusuales, identificar personas políticamente expuestas, analizar grandes volúmenes de datos y optimizar los procesos de monitoreo. Para los oficiales o encargados de cumplimiento, la IA representa un apoyo significativo en la toma de decisiones y en la gestión eficiente de riesgos. Sin embargo, la tecnología también es utilizada por organizaciones criminales.
El uso de deepfakes, fraudes digitales y técnicas avanzadas de suplantación de identidad representa un desafío creciente para los sistemas tradicionales de control. Esta realidad exige una actualización constante de los mecanismos de prevención y una inversión sostenida en innovación tecnológica. El marco normativo se complementa con las acciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que emite sanciones financieras dirigidas, listas de personas y entidades sujetas a restricciones, y medidas orientadas a prevenir la financiación de programas de armamento. Un aspecto relevante es el control del uso dual de bienes, donde productos con aplicaciones civiles pueden ser desviados para fines militares, especialmente en el comercio internacional.
En este contexto, los profesionales del derecho, los oficiales o encargados de cumplimiento y los consultores especializados desempeñan un rol fundamental como garantes del sistema de prevención. Debido a la naturaleza de sus funciones, tienen acceso a información sensible y participan en operaciones que pueden ser utilizadas para fines ilícitos. Por ello, su responsabilidad ética y profesional es particularmente elevada. La formación continua, la capacitación especializada y la actualización permanente en nuevas tipologías delictivas son elementos indispensables para el ejercicio efectivo de estas funciones.
La prevención del lavado de activos no es una tarea aislada, sino un esfuerzo conjunto que requiere coordinación entre el sector público, el sector privado y la sociedad en general. Finalmente, resulta imprescindible analizar el impacto económico del cumplimiento normativo. En algunos casos, el temor al lavado de activos ha llevado a bancos y empresas a cerrar cuentas o limitar servicios a sectores completos, como organizaciones no gubernamentales, empresas fintech o actividades consideradas de mayor riesgo.
Esta situación puede afectar negativamente el clima de negocios, la inclusión financiera y el desarrollo económico. Desde una perspectiva estratégica, el cumplimiento no debe concebirse como un gasto, sino como una inversión en reputación, sostenibilidad y estabilidad financiera. Un sistema de prevención sólido protege a las organizaciones de sanciones, pérdidas económicas y daños reputacionales, al tiempo que contribuye a la lucha contra el crimen organizado, el terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva, objetivos de vital importancia para la seguridad y el desarrollo de los países.
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Kash redefine el uso cotidiano del dinero digital en El Salvador
El uso de herramientas digitales para gestionar dinero ha cambiado la relación de las personas con los servicios financieros. En ese proceso, Kash, como producto de BAC, ha ampliado su alcance en el país y en la región, incorporando nuevas funciones y aumentando su base de usuarios durante el último año.
Durante 2025, la plataforma registró un crecimiento superior al 76 % en número de usuarios en El Salvador. Este avance estuvo acompañado por una evolución en su propuesta, que pasó de ser una aplicación para transferencias a una solución que integra distintas funciones de pago en un solo entorno digital.
José Manuel Ayala, gerente de Kash en El Salvador, explica que este cambio responde a una visión más amplia del servicio. “Pasamos de ser una solución de transferencias a un ecosistema integral de pagos, respaldado por la infraestructura y visión estratégica de BAC”, señala.
Entre las nuevas funcionalidades destaca el pago de facturas desde la aplicación, lo que permite gestionar servicios básicos sin necesidad de desplazamientos físicos.
Cambios en el acceso a servicios financieros
La adopción de Kash ha tenido impacto en la forma en que los usuarios interactúan con el sistema financiero. Desde su lanzamiento, la plataforma ha facilitado el acceso a servicios digitales para más de 250,000 personas en El Salvador y más de un millón a nivel regional.
Este alcance ha permitido que usuarios que antes no utilizaban banca digital comiencen a realizar transferencias y pagos desde sus dispositivos móviles. La facilidad de uso ha sido un factor clave para ampliar la adopción.
“Kash permitió que en menos de tres minutos una persona pueda crear su usuario y comenzar a realizar transferencias digitales”, explica Ayala.
El desarrollo de la plataforma también ha incorporado herramientas de inteligencia artificial en procesos como la validación de identidad. Estas tecnologías permiten agilizar el registro de usuarios y mejorar los controles de seguridad.
Además, la empresa ha comenzado a utilizar analítica avanzada para entender el comportamiento de sus usuarios y diseñar nuevos productos financieros en función de sus necesidades.
Expansión regional y nuevas capacidades
El crecimiento de Kash se apoya en la infraestructura regional de BAC y en alianzas con redes como Visa y Mastercard, que permiten realizar transacciones entre distintos bancos y países.
Estas capacidades han facilitado la expansión de la plataforma hacia otros mercados de Centroamérica, manteniendo un mismo estándar de operación y experiencia para los usuarios.
“La tecnología debe ser un habilitador de oportunidades, acercando soluciones financieras simples y accesibles para todos”, afirma Ayala.
En paralelo, la empresa proyecta ampliar su oferta con nuevos productos digitales como microcréditos, cuentas de ahorro y tarjetas de débito. Estas soluciones buscan responder a la demanda de servicios financieros más completos dentro de un entorno digital.
Para Kash, el desarrollo tecnológico no se limita a digitalizar procesos existentes, sino a transformar la forma en que las personas gestionan su dinero. La evolución de la plataforma apunta a consolidar un modelo donde los servicios financieros sean accesibles desde un mismo canal y adaptados a distintos perfiles de usuarios.
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Weris apuesta por una super app para ampliar el comercio digital en El Salvador
La empresa salvadoreña Weris App ha enfocado su evolución tecnológica en construir una plataforma que conecte a usuarios, comercios y conductores dentro de un mismo ecosistema digital. Ha comprendido que el desarrollo de plataformas digitales de última milla está redefiniendo la forma en que comercios y consumidores interactúan en la economía urbana.
Durante 2025 la compañía consolidó las bases de su plataforma y lanzó sus primeras aplicaciones al mercado. Ese primer despliegue permitió al equipo comprender el comportamiento de usuarios y negocios locales, así como identificar los ajustes necesarios para mejorar la operación.
Christian Wright, CEO de Weris, explica que ese proceso fue clave para la siguiente etapa de la empresa. “En junio del año pasado lanzamos nuestras primeras apps al mercado y ese aprendizaje fue la materia prima de algo mucho más grande”, señala.
El resultado fue el relanzamiento de la plataforma en el segundo trimestre de 2026, cuando la empresa presentó una nueva versión concebida como una super app. El cambio implicó una migración completa de su infraestructura tecnológica y el rediseño de la experiencia para los tres actores que integran el sistema: clientes, comercios y conductores.
“No fue una actualización, fue una reinvención”, afirma Wright.
Un modelo digital para comercios y logística
La propuesta tecnológica de Weris busca facilitar la participación de pequeños negocios en la economía digital. A través de la plataforma, restaurantes, tiendas y emprendedores pueden vender y distribuir sus productos sin necesidad de desarrollar su propia infraestructura tecnológica o logística.
El modelo también incorpora un enfoque que busca equilibrar la relación entre comercios, usuarios y conductores dentro de la plataforma. La empresa señala que su objetivo es construir un sistema donde la eficiencia operativa no implique condiciones desfavorables para los actores que participan en la cadena de valor.
“Nuestro diferencial no es solo la logística, sino el compromiso con una relación justa entre comercio, driver y usuario”, explica Wright.
La plataforma utiliza algoritmos de asignación de pedidos y optimización de rutas para mejorar los tiempos de entrega y reducir costos operativos. Esta analítica en tiempo real también permite a la empresa ajustar la capacidad del sistema según la demanda y mejorar la experiencia del usuario.
Además de su operación logística, la compañía ha desarrollado herramientas tecnológicas que amplían su oferta dentro del ecosistema digital. Entre ellas se encuentra Cuscansense IA, un centro de contacto basado en inteligencia artificial que permite gestionar comunicaciones a gran escala.
A partir de esa tecnología también surgió Wetalks, una plataforma que la empresa decidió ofrecer a otras compañías y emprendedores que necesitan gestionar campañas masivas o procesos de atención a clientes.
Escalabilidad y expansión
El relanzamiento tecnológico de Weris también responde a una estrategia de crecimiento regional. La nueva arquitectura fue diseñada para permitir que la plataforma pueda abrir operaciones en nuevas ciudades o países sin necesidad de reconstruir su infraestructura.
“La escalabilidad siempre fue una prioridad de diseño y hoy tenemos la capacidad de abrir operación en cualquier ciudad o país de forma ágil”, señala Wright.
Para la empresa, el mercado salvadoreño ha funcionado como un laboratorio para probar el modelo antes de expandirlo a otros territorios. El desarrollo de la super app también forma parte de una visión más amplia sobre el rol de la tecnología en el país.
“En Weris decidimos desde el primer día construir algo que importara, no solo una app que funcionara”, afirma Wright.
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Infraestructura, datos y cobertura: la evolución operativa de DELSUR
Mover energía no es solo una operación técnica. También implica anticipar demanda, adaptar infraestructura y tomar decisiones en tiempo real. En ese proceso, DELSUR ha venido ajustando su modelo operativo con inversiones en tecnología, expansión de red y fortalecimiento financiero, como parte de su hoja de ruta hacia 2030.
Durante 2025, la compañía avanzó en tres líneas de trabajo: transformación digital, modernización de infraestructura y sostenibilidad financiera. En el ámbito tecnológico, se contrataron iniciativas por más de 40 millones de dólares que incluyen la implementación de un nuevo sistema ERP, redes inteligentes de medición y herramientas de analítica de datos.
“La transformación no es solo de infraestructura, es también cultural, orientada a que cada área tome decisiones basadas en datos”, explica Carolina Quintero Gil, presidente ejecutiva de DELSUR.
En paralelo, la empresa amplió la capacidad de subestaciones, desarrolló nuevas redes en zonas de crecimiento turístico y fortaleció el respaldo energético en puntos estratégicos como el aeropuerto internacional.
Red eléctrica, impacto social y cobertura
El alcance de la operación se refleja en los territorios donde el servicio eléctrico genera cambios en la vida cotidiana. Durante el último año, 262 familias en zonas rurales accedieron por primera vez a energía eléctrica, lo que incide en condiciones de educación, seguridad y desarrollo local.
Además, cerca de 46,400 personas participaron en talleres sobre uso seguro de la energía, mientras que 8,000 estudiantes fueron parte del programa Electroguardianes.
Uno de los programas con mayor impacto es el Semillero de Linieros, desarrollado junto al INCAF (Instituto Nacional de Capacitación y Formación). A través de esta iniciativa, 93 jóvenes han sido formados como técnicos en redes eléctricas, varios de ellos incorporados a la operación del sector.
“El impacto se refleja en cada comunidad donde la energía llega por primera vez y transforma la vida cotidiana de las personas”, señala Quintero.
En términos operativos, la empresa distribuye energía con una matriz 71% renovable y mantiene indicadores financieros en crecimiento, lo que respalda la sostenibilidad de su modelo.
Innovación, talento y sostenibilidad
La modernización de la red también ha incorporado herramientas tecnológicas aplicadas a la operación. Entre ellas, sistemas de optimización de rutas mediante algoritmos, gemelos digitales en subestaciones y monitoreo con drones y sensores para detectar fallas de forma preventiva.
En la relación con clientes, la empresa ha actualizado sus agencias comerciales con sistemas inteligentes de atención y ha incorporado soluciones digitales para facilitar pagos y gestiones.
“El servicio eléctrico debe evolucionar al ritmo de la tecnología y de las necesidades de los usuarios”, afirma la ejecutiva.
En el plano interno, DELSUR ha invertido más de 25,700 horas en formación técnica, liderazgo e innovación, incorporando programas de inclusión como IP Women Immersion para fortalecer la participación de mujeres en el sector.
La sostenibilidad se gestiona con métricas claras y reportes bajo estándares internacionales, mientras que en el ámbito ambiental la empresa impulsa proyectos de restauración de ecosistemas y monitoreo climático.
A través de alianzas con universidades, organismos internacionales y organizaciones sociales, la compañía ha ampliado el alcance de sus iniciativas en formación, transición energética e impacto comunitario.
De cara a los próximos años, DELSUR continuará desarrollando su red con un enfoque en digitalización, calidad del servicio y transición energética, con el objetivo de consolidar su rol dentro del sistema eléctrico nacional.
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AES, energía que impulsa futuro: digitalización, impacto y visión de país
La energía no solamente mueve la economía de un país; también abre caminos, genera confianza y transforma comunidades. En un entorno donde la innovación y la sostenibilidad marcan la diferencia, AES El Salvador acelera su transformación estratégica y redefine cómo la electricidad puede convertirse en motor de desarrollo económico y social.
En el último año, la compañía culminó la primera fase de su Plan de Digitalización Tecnológica 2021-2025, respaldado por una inversión superior a US$67 millones para adquirir y poner en operación nuevas plataformas. Este avance marca un punto de inflexión en la operación de sus redes y en la relación con más de 1.6 millones de clientes. El lanzamiento de su ecosistema digital de autogestión —una aplicación móvil y un portal web— permite gestionar facturas, pagos, consumos y reclamos en tiempo real, reduce trámites presenciales y eleva los estándares de servicio.
A esta evolución se suman plataformas de gestión y medición inteligente que integran monitoreo en tiempo real y automatizan la red eléctrica. El resultado es una operación que optimiza y responde con mayor agilidad a las demandas del país. Más que digitalización, AES apuesta por fortalecer la continuidad y calidad del suministro eléctrico, un factor clave para la productividad nacional.
Impacto que transforma
La estrategia también genera oportunidades que amplían el desarrollo de las comunidades. Una de las iniciativas más representativas es el programa Mujeres Electricistas, desarrollado en alianza con el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU). Desde 2016, ha acreditado a más de mil mujeres en instalaciones eléctricas residenciales, abriendo oportunidades de empleo y emprendimiento.
En paralelo, durante el último año la empresa educó a más de 65,000 niños en el uso seguro y eficiente de la energía, capacitó a más de 14,000 personas en comunidades rurales a través del programa Energía Mágica y llevó electricidad a 219 familias mediante el programa Luz para Todos, con una inversión superior a US$375 mil. Estas acciones reflejan un modelo de sostenibilidad con impacto directo en la calidad de vida.
Gobernanza y talento como motor
El fortalecimiento institucional es otro pilar. AES reforzó su programa de ética y cumplimiento mediante capacitaciones, espacios de diálogo interno y mecanismos de reporte que consolidan una cultura organizacional basada en la transparencia.
La inversión en talento también se mantiene constante. A través de su Centro de Entrenamiento Técnico y programas de formación interna, los colaboradores reciben capacitación en áreas clave como analítica de datos, inteligencia artificial, sistemas fotovoltaicos y automatización de redes. Esta apuesta fortalece el empleo de calidad y prepara a la organización para la incorporación de más energías renovables en la matriz energética.
Una visión país
De cara a los próximos años, AES El Salvador continuará articulando su estrategia en cuatro pilares: impacto ambiental, bienestar social, experiencia del cliente y ética y gobernanza, con el objetivo de generar valor sostenible.
Ser reconocida como una empresa de impacto es, para AES, una responsabilidad. Confirma que el crecimiento empresarial puede ir de la mano con el compromiso social y la transparencia.
Como lo resume su presidente ejecutivo, Abraham Bichara: “En AES El Salvador entendemos el liderazgo como la responsabilidad de anticiparnos a los desafíos del país y actuar con visión de largo plazo. Continuaremos trabajando para fortalecer un servicio eléctrico cada vez más confiable y moderno, impulsando la innovación, la sostenibilidad y el desarrollo de nuestra gente y de las comunidades a las que servimos”.
En un sector estratégico para la economía, la energía no solo mueve industrias. También impulsa oportunidades, construye confianza y acelera el desarrollo. Ese es el estándar que AES El Salvador busca consolidar.
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ADOC impulsa su expansión regional con retail, datos y experiencia de cliente
La evolución de Empresas ADOC se ha construido sobre ajustes concretos en su forma de operar, en cómo se relaciona con el cliente y en la integración de canales físicos y digitales. Ese proceso ha llevado a la compañía a reorganizar su modelo hacia una estructura más ágil, con presencia regional y una oferta que combina retail, mayoreo y manufactura.
En el último año, la empresa ha consolidado su operación en más de siete países de Centroamérica, apoyada en un portafolio diversificado de marcas y formatos de negocio. Parte de ese crecimiento se explica por la expansión de su red comercial, con la apertura de más de 95 tiendas en los últimos años y el desarrollo de 30 plataformas de comercio electrónico.
“Hemos evolucionado de una operación tradicional hacia un modelo más ágil, omnicanal y centrado en el cliente”, explica Javier Castillo, CEO de Empresas ADOC.
Este cambio ha implicado pasar de un enfoque transaccional a uno basado en relaciones de valor, donde la experiencia del cliente se convierte en un eje de decisión.
Expansión comercial y modelo digital
La compañía ha fortalecido su ecosistema digital con herramientas que integran distintos puntos de contacto. Entre ellos, la aplicación de lealtad Puntos ADOC, canales de atención en WhatsApp, redes sociales y un centro de servicio al cliente que permite una interacción continua.
Este sistema se complementa con un modelo de escucha activa que recoge información tanto de clientes como de colaboradores, lo que permite ajustar decisiones operativas y comerciales con base en datos.
“La innovación en ADOC se centra en mejorar la experiencia del cliente y fortalecer nuestra competitividad regional”, señala Castillo.
En el plano de producto, la empresa ha incorporado marcas internacionales y desarrollado propuestas que combinan diseño y funcionalidad, con el objetivo de competir en mercados más amplios.
El impacto de esta operación se refleja también en indicadores económicos y sociales. La empresa ha generado más de 2,300 empleos directos en la región y ha donado más de 30,000 pares de calzado a través de su programa Calzando Sonrisas.
Cultura organizacional y sostenibilidad
El desarrollo interno de la empresa se apoya en una cultura organizacional que prioriza la ejecución, la agilidad y el enfoque en resultados. Bajo el concepto de cultura ADOCKER, la compañía promueve principios como servicio al cliente, innovación y trabajo en equipo.
“El talento es uno de nuestros pilares estratégicos, con una cultura enfocada en entender y resolver las necesidades reales del cliente”, afirma el CEO.
Este enfoque se traduce en programas de formación y oportunidades de crecimiento interno que buscan fortalecer las capacidades del equipo y sostener la evolución del negocio.
En paralelo, la empresa ha incorporado criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en su toma de decisiones. Esto incluye reportes de sostenibilidad bajo estándares internacionales y una estructura de gobierno corporativo que permite gestionar riesgos y asegurar cumplimiento.
Para los próximos años, ADOC proyecta profundizar su ecosistema digital, expandir su presencia en nuevos mercados y fortalecer su operación de manufactura.
“Creemos que el liderazgo empresarial se construye a partir de la confianza, la coherencia y la generación de valor compartido”, concluye Castillo.
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