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El nearshoring: Oportunidades de inversión y desafíos legales
Escrito por: Oscar Torres Cañas | Socio EY Law El Salvador
Comprendiendo el nearshoring y las oportunidades de Inversión.
Durante los últimos años, el “nearshoring” ha ganado importancia como estrategia empresarial de relocalización, en el cual una empresa traslada parte de sus actividades productivas, operativas o de servicios a un país geográficamente más cerca de su mercado principal.
El “nearshoring” es una decisión que combina eficiencia operativa, gestión de riesgos y competitividad legal y logística, y para que pueda funcionar como una herramienta de atracción de inversión en un país como el nuestro, debe existir buena infraestructura, estabilidad jurídica y marcos regulatorios claros.
Para El Salvador, la cercanía con el mercado estadounidense, el uso del dólar como moneda de curso legal y un huso horario alineado con mercados norteamericanos representan ventajas estratégicas, además, la capacidad logística está en proceso de expansión: recientes acuerdos y proyectos de modernización de puertos han ampliado la conectividad y la capacidad de manejo de carga, lo que reduce tiempos de tránsito para cadenas nearshore. Estos avances logísticos son un incentivo directo para la relocalización industrial y de servicios.
El nearshoring no se limita a la manufactura tradicional. En El Salvador existen oportunidades claras en industria textil y confección, dispositivos médicos, agroindustria con valor agregado, logística regional y servicios basados en conocimiento. Estos sectores pueden integrarse a cadenas regionales y globales, aprovechando la cercanía con Estados Unidos y la capacidad de respuesta rápida ante cambios en la demanda. A ello se suma la vigencia del CAFTA-DR, que brinda condiciones arancelarias favorables y certeza jurídica en el comercio con Norteamérica, un factor clave para empresas que buscan relocalizar operaciones sin afectar su acceso a mercados finales.
Otro factor relevante es la mano de obra joven y competitiva, en especial en los sectores anteriormente mencionados. Si bien persisten desafíos en formación técnica especializada, el potencial para desarrollar capital humano alineado a las necesidades del nearshoring es significativo.
Asimismo, la tendencia hacia criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) abre espacio para inversiones responsables, donde El Salvador puede diferenciarse mediante marcos regulatorios claros y prácticas sostenibles.
El nearshoring ofrece a El Salvador una oportunidad única para atraer inversión, generar empleo y posicionarse como plataforma regional. Sin embargo, convertir esa oportunidad en proyectos sostenibles exige resolver una serie de retos legales que pueden condicionar la llegada y permanencia de empresas extranjeras.
Una de las preocupaciones principales es la estabilidad de las reglas del juego. Cambios abruptos en la legislación tributaria, laboral o ambiental pueden afectar la rentabilidad de proyectos de inversión que requieren grandes capitales y horizontes de largo plazo. Para muchos inversionistas, un entorno normativo volátil disminuye la competitividad frente a otras jurisdicciones.
La existencia de una ley de inversiones y de instituciones dedicadas a la promoción y facilitación de proyectos contribuye a generar un entorno más amigable para el inversionista. No obstante, para maximizar el impacto del nearshoring, resulta clave garantizar estabilidad normativa, transparencia en la aplicación de incentivos y eficiencia en los trámites administrativos.
A continuación, los desafíos legales, para el desarrollo del nearshoring en nuestro país:
- Marco Laboral. El nearshoring suele implicar contratación masiva y perfiles técnicos; la regulación sobre contratación, jornadas, seguridad social y formación profesional debe ser predecible y compatible con modelos de empleo flexibles sin sacrificar derechos laborales. Asimismo, los procedimientos para contratar talento extranjero y las autorizaciones migratorias deben ser ágiles para evitar cuellos de botella operativos. Cambios y propuestas regulatorias no consensuadas en el ámbito laboral, pueden bajar la competitividad de nuestro país.
- Régimen de Zonas Francas. Reformas al régimen de Zonas Francas con el objetivo de modernizar incentivos, promover reinversión y otorgar mayor flexibilidad operativa a desarrolladores y usuarios, ayudan a ser más competitivos a nivel de la región, sin embargo, si estas reformas introducen nuevas obligaciones administrativas, requisitos ambientales y condicionantes urbanísticos, las empresas evaluaran cuidadosamente el incursionar en el país antes de estructurar una inversión.
- Marco para permisos ambientales. Proyectos industriales y logísticos requieren licencias ambientales, accesos viales, energía y agua en volumen predecible; retrasos en trámites o requisitos ambiguos pueden encarecer inversiones y afectar la viabilidad.
- Protección de datos y ciberseguridad. La entrada en vigor de la Ley para la Protección de Datos Personales transformó el tratamiento de información personal en El Salvador y obliga a crear marcos de cumplimiento para transferencias transfronterizas, notificación de brechas y consentimiento informado. Esto tiene impacto directo en operaciones BPO, centros de servicios compartidos y desarrollos de software que manejan datos de clientes en varios países.
- Protección de la inversión extranjera. Un componente esencial para fortalecer el Nearshoring es la existencia de un marco jurídico que proteja la inversión extranjera. Esto incluye tanto garantías legales internas como acuerdos internacionales que respalden a los inversionistas.
- Mecanismos de solución de controversias. Los inversionistas valoran la posibilidad de recurrir a mecanismos neutrales para resolver disputas contra el Estado. El acceso a arbitraje internacional ofrece esa alternativa. Sin embargo, la implementación y reconocimiento de estos mecanismos deben ser fortalecidos para garantizar su eficacia.
Conclusión
El nearshoring representa para El Salvador una oportunidad para integrarse de manera más profunda en las cadenas globales de valor. Sin embargo, el éxito de esta estrategia no depende únicamente de ventajas geográficas o costos competitivos; también exige un marco jurídico sólido, coherente y confiable que inspire certidumbre a los inversionistas.
La materialización requiere que el sector público y el privado colaboren para garantizar transparencia en la implementación, estabilidad regulatoria y protocolos de cumplimiento alineados con estándares internacionales. Los inversionistas que combinen diligencia legal rigurosa, estructuras contractuales defensivas y programas sólidos de cumplimiento y responsabilidad social estarán mejor posicionados para convertir la oportunidad nearshore en proyectos viables y sostenibles en El Salvador.
La armonización regulatoria con cadenas globales —normas de comercio, cumplimiento aduanero y estándares laborales es un reto operativo y legal. Empresas que sirven a mercados exigentes requieren cumplimiento de normas de origen, trazabilidad y estándares laborales; el país debe ofrecer marcos y controles que permitan a los clústeres nearshore certificarse y competir.
Los retos son múltiples: desde la modernización de las zonas francas y clarificación normativa, hasta la consolidación de mecanismos efectivos de protección de la inversión y la articulación de políticas públicas que favorezcan un entorno atractivo y seguro. Si El Salvador logra superar estos desafíos, no sólo atraerá capitales extranjeros, sino que también sembrará las bases para un desarrollo económico más dinámico, sostenible y equitativo.
En conclusión, el éxito del nearshoring en El Salvador dependerá tanto de las ventajas geográficas y humanas como de la calidad del andamiaje legal: estabilidad y previsibilidad fiscal, regulación laboral flexible y protectora, permisos ambientales eficientes, seguridad jurídica para inversionistas y alineamiento con estándares internacionales. Abordar simultáneamente estos frentes —a través de diálogo público-privado, digitalización de trámites y reformas focalizadas— será decisivo para transformar el potencial en inversión sostenible.
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El desafío del compliance inteligente: Inteligencia artificial, derecho y nuevas competencias profesionales
Enzo Galiana
Decano Posgrado ADEN
US/ Panamá / México / Argentina
La incorporación de inteligencia artificial en los sistemas de compliance está transformando de manera profunda la forma en que las organizaciones gestionan el riesgo legal, ético y reputacional. Desde la mirada académica y profesional que promueve ADEN Business School, este proceso no debe leerse únicamente como una innovación tecnológica, sino como un cambio estructural en la relación entre derecho, gobernanza y toma de decisiones.
Algoritmos capaces de procesar grandes volúmenes de datos, modelos predictivos y sistemas de aprendizaje automático permiten pasar de un compliance reactivo —centrado en detectar incumplimientos una vez ocurridos— a esquemas preventivos, orientados a la anticipación de riesgos. Este enfoque, trabajado en los programas de Derecho y Compliance de ADEN, redefine el rol del profesional jurídico y plantea nuevas exigencias en términos de formación, criterio y responsabilidad.
Lejos de proponer una sustitución del juicio humano, la inteligencia artificial interpela al derecho desde un lugar más exigente: obliga a repensar responsabilidades, gobernanza algorítmica, explicabilidad y límites éticos. ¿Qué implica que un sistema anticipe un riesgo antes de que exista una infracción? ¿Cómo se equilibra la eficiencia tecnológica con la protección de derechos fundamentales? Estas preguntas atraviesan el abordaje académico que ADEN desarrolla en sus propuestas formativas.
Compliance como diseño institucional
Uno de los ejes conceptuales que ADEN trabaja de forma transversal en sus programas es que el compliance no puede limitarse a una función de control posterior. En entornos digitales, el cumplimiento normativo se convierte en una dimensión estructural del diseño organizacional.
Cuando los procesos, los datos y las decisiones se digitalizan, el compliance debe integrarse desde el inicio. Esta mirada, desarrollada en contenidos académicos sobre compliance, protección de datos personales y gobernanza, permite comprender por qué la inteligencia artificial no se incorpora solo para ganar eficiencia, sino para responder a un contexto de complejidad creciente.
El llamado compliance inteligente surge, entonces, como una respuesta a la asimetría entre la velocidad de los negocios digitales y la capacidad del control tradicional. En este punto, ADEN plantea que la tecnología es una herramienta, pero el verdadero valor reside en el criterio jurídico que guía su diseño e implementación.
Automatización normativa y criterio jurídico
Desde la perspectiva que se aborda en las aulas de ADEN, es fundamental distinguir automatización de inteligencia jurídica. La automatización normativa —validaciones automáticas, reglas codificadas, análisis masivo de documentos— constituye un primer nivel de madurez en los sistemas de cumplimiento. Permite reducir errores operativos y ganar consistencia, pero no transforma el rol del compliance dentro de la organización.
El salto cualitativo aparece cuando los sistemas incorporan modelos capaces de aprender de los datos y detectar patrones de riesgo. En este punto, la inteligencia artificial deja de verificar reglas para convertirse en un insumo estratégico para la toma de decisiones.
Sin embargo, ningún algoritmo reemplaza la interpretación jurídica. Tal como se trabaja en los programas de formación de ADEN, el derecho opera sobre principios, contextos y ambigüedades. La IA amplía la capacidad analítica del profesional, pero no asume la responsabilidad de la decisión. De allí la importancia de formar perfiles capaces de ejercer supervisión crítica sobre los outputs tecnológicos.
El riesgo legal como activo estratégico
Otro de los aportes centrales que ADEN desarrolla en su enfoque educativo es la lectura del riesgo legal como variable estratégica. En economías donde el valor se concentra cada vez más en activos intangibles —reputación, confianza, datos— el compliance deja de ser una función defensiva y se convierte en un mecanismo de protección del valor organizacional.
Las organizaciones que operan en múltiples jurisdicciones, innovan en modelos de negocio o utilizan plataformas digitales se enfrentan a marcos regulatorios complejos y dinámicos. Un enfoque tradicional de compliance revisa contratos y reportes periódicos. Un enfoque alineado con el compliance inteligente, en cambio, permite anticipar impactos regulatorios, concentraciones de riesgo y posibles efectos reputacionales.
Esta mirada estratégica del compliance es uno de los ejes que ADEN incorpora en sus programas, integrando derecho, gestión y tecnología.
IA, regulación y formación jurídica
El debate sobre inteligencia artificial aplicada al compliance no puede abordarse sin considerar el contexto regulatorio. En América Latina, como se analiza en los espacios académicos de ADEN, existe una marcada asimetría entre la velocidad del desarrollo tecnológico y la producción normativa.
Mientras las soluciones basadas en IA evolucionan de forma exponencial, los marcos regulatorios avanzan de manera fragmentada y, en muchos casos, reactiva. Este desfase obliga a los profesionales del derecho a trabajar con normas en construcción, principios generales y estándares internacionales.
Desde esta perspectiva, el compliance deja de ser una función de mera adecuación normativa y se convierte en un ejercicio continuo de interpretación y gestión del riesgo. La formación adquiere aquí un rol central: no se trata solo de conocer la norma, sino de desarrollar la capacidad de operar en contextos de incertidumbre regulatoria.
Fintech, compliance tech y aprendizaje aplicado
El ecosistema fintech es uno de los espacios donde esta transformación se manifiesta con mayor claridad. El uso de inteligencia artificial para monitoreo transaccional, procesos de identificación de clientes (KYC) y prevención de lavado de activos (AML) se ha convertido en una práctica habitual.
Sin embargo, la adopción tecnológica no siempre está acompañada por marcos regulatorios homogéneos. En muchos casos, las obligaciones de compliance surgen de lineamientos o expectativas regulatorias implícitas. Por eso, ADEN pone énfasis en una formación que combine análisis normativo, estudio de casos y comprensión del contexto regional.
La IA aplicada al compliance permite monitoreo continuo y generación de alertas tempranas, pero su efectividad depende de una adecuada gobernanza jurídica y organizacional, tema central en los programas de Derecho y Compliance de la institución.
Blockchain, smart contracts y cumplimiento por diseño
En los contenidos académicos de ADEN también se aborda el impacto de tecnologías como blockchain y los contratos inteligentes en el cumplimiento normativo. Estos instrumentos no solo registran información, sino que ejecutan obligaciones de manera automática cuando se verifican determinadas condiciones.
Desde el punto de vista del compliance, esto introduce una lógica de cumplimiento ex ante: el sistema impide que una operación avance si no se satisfacen los requisitos predefinidos. El cumplimiento se integra al diseño del proceso.
No obstante, esta automatización plantea nuevos riesgos jurídicos. Un error en el diseño del contrato inteligente se replica automáticamente y genera interrogantes sobre responsabilidad, gobernanza del código y capacidad de corrección. Estos dilemas forman parte del abordaje crítico que ADEN propone en su formación.
Nuevas competencias y educación ejecutiva
La incorporación de inteligencia artificial al compliance redefine el perfil del profesional del derecho. En los programas de ADEN se trabaja sobre la necesidad de desarrollar competencias híbridas, que integren conocimiento jurídico, comprensión tecnológica y criterio estratégico.
El abogado y el compliance officer ya no intervienen solo ante el conflicto, sino en el diseño de sistemas, la evaluación de impactos y la definición de marcos de gobernanza. La ética y la responsabilidad dejan de ser conceptos abstractos para convertirse en competencias operativas.
En este sentido, la propuesta educativa de ADEN no apunta a formar técnicos en tecnología, sino profesionales capaces de interpretar el impacto jurídico de la innovación y de tomar decisiones informadas en contextos complejos.
Formación para un compliance del futuro
La inteligencia artificial aplicada al compliance no elimina la necesidad de criterio jurídico; la vuelve más relevante. El verdadero desafío no es tecnológico, sino formativo y organizacional.
Desde ADEN, el abordaje del Derecho y el Compliance se construye como un espacio de reflexión aplicada, donde la tecnología se integra con gobernanza, ética y estrategia. En un contexto de cambio acelerado, la educación ejecutiva se convierte en una herramienta clave para que los profesionales puedan anticipar riesgos, proteger valor y acompañar la toma de decisiones responsables.Para más información: https://www.aden.org/
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Retos prácticos y oportunidades AML en fintech y activos digitales
Por: Mónica Alexandra Aldana Campos
Abogada, master en gestión de riesgos y experta en prevención de lavado de dinero y activos digitales certificada por FIBA AMLCA.
La expansión de las fintech y el uso de activos digitales ha transformado de forma estructural la manera en que se prestan servicios financieros, se movilizan recursos y se integran nuevos actores al sistema económico. Pagos digitales, billeteras electrónicas, plataformas tecnológicas y criptoactivos forman hoy parte de la operativa cotidiana de empresas y usuarios, generando eficiencia, reducción de costos y mayores niveles de inclusión financiera.
No obstante, desde la práctica jurídica y de cumplimiento, esta transformación también ha elevado la complejidad de los riesgos asociados al lavado de dinero, financiamiento del terrorismo y otros delitos financieros. La velocidad de las transacciones, la trazabilidad técnica de los activos digitales y la naturaleza transfronteriza de muchas operaciones exigen repensar los esquemas tradicionales de control.
La reciente actualización normativa en materia de prevención de lavado de dinero y activos marca un punto de inflexión para el sector. En el entorno fintech, ya no resulta suficiente cumplir de manera formal con manuales o políticas genéricas. Se impone un enfoque técnico, operativo y basado en riesgo, capaz de adaptarse a modelos de negocio dinámicos y altamente tecnológicos. En este contexto, El Salvador se posiciona como un caso relevante para analizar cómo el cumplimiento AML puede acompañar la innovación sin frenar su desarrollo.
Certeza normativa como base para el cumplimiento efectivo
La experiencia comparada demuestra que los ecosistemas fintech no prosperan en ausencia de regulación, sino en entornos donde existe certeza jurídica. En El Salvador, la Ley de Emisión de Activos Digitales, la creación de la Comisión Nacional de Activos Digitales y la actualización del marco antilavado han configurado un escenario donde la innovación financiera se desarrolla dentro de reglas claras de gobernanza, transparencia y gestión de riesgos.
Desde el punto de vista del cumplimiento, este marco introduce un cambio sustancial. El riesgo de lavado de dinero ya no puede evaluarse únicamente desde el producto financiero, sino desde el modelo operativo completo. Esto implica analizar flujos de fondos, arquitectura tecnológica, uso de wallets, operaciones on-chain y off-chain, así como la exposición a transacciones transfronterizas. La normativa actual exige que los sujetos obligados comprendan su negocio en profundidad y diseñen controles alineados con su realidad operativa, y no con esquemas heredados del sistema financiero tradicional.
Proveedores de servicios de activos digitales como sujetos obligados
En este contexto, resulta relevante subrayar que la nueva Ley Especial para la Prevención, Control y Sanción del Lavado de Activos, Financiamiento del Terrorismo y de la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva reafirma de manera expresa la calidad de sujetos obligados de los proveedores de servicios de activos digitales y de los proveedores de servicios de bitcoin, incorporándolos de forma directa y explícita dentro del sistema nacional de prevención de lavado de dinero y financiamiento del terrorismo.
Esta reafirmación normativa consolida su sujeción plena a las obligaciones legales en materia de debida diligencia, monitoreo continuo de operaciones, conservación de información y reporte ante la autoridad competente, y extiende dicho marco a otras fintech y modelos de negocio tecnológicos que intervienen en la intermediación, custodia, transferencia o facilitación de activos digitales. Desde una perspectiva práctica, el cumplimiento AML deja de ser un requisito accesorio para convertirse en un componente estructural e inherente al modelo de negocio de estos actores.
Retos prácticos del AML en fintech y activos digitales
Uno de los principales retos del cumplimiento AML en fintech es la naturaleza cambiante del riesgo. A diferencia del sistema financiero tradicional, donde los productos suelen ser estables, las fintech evolucionan de forma constante. Nuevas funcionalidades, integraciones tecnológicas y cambios en el comportamiento de los usuarios pueden modificar el perfil de riesgo en periodos muy cortos.
En la práctica, uno de los errores más frecuentes es trabajar con matrices de riesgo estáticas, que no reflejan la evolución real del negocio. La actualización normativa obliga a adoptar evaluaciones de riesgo dinámicas, revisadas periódicamente y vinculadas al crecimiento operativo de la entidad. El riesgo no reside únicamente en el activo digital como tal, sino en la forma en que este es utilizado, transferido y custodiado dentro del ecosistema tecnológico.
Debida diligencia digital: profundidad más allá del formato
El conocimiento del cliente continúa siendo un pilar central del sistema AML. Sin embargo, en el entorno fintech, la debida diligencia no puede reducirse a procesos automatizados carentes de análisis. La normativa exige identificar, verificar y comprender el perfil del cliente, su actividad económica y su comportamiento transaccional de manera integral.
La tecnología, cuando se utiliza de forma estratégica, fortalece estos procesos. Herramientas de verificación digital, biometría, análisis de comportamiento y monitoreo continuo permiten mejorar la detección de operaciones inusuales. No obstante, desde la práctica de cumplimiento resulta evidente que la automatización sin criterio no sustituye el análisis profesional, especialmente en operaciones que involucran activos digitales, estructuras complejas o patrones atípicos de transaccionalidad.
goAML y la reportería PSAV como herramientas operativas
Un avance relevante en el cumplimiento práctico es la obligación de los Proveedores de Servicios de Activos Virtuales y Digitales de reportar operaciones reguladas ante la Unidad de Investigación Financiera mediante la plataforma goAML. La guía emitida en 2025 establece criterios técnicos precisos sobre tipos de reporte, umbrales y campos obligatorios, lo que contribuye a estandarizar la información y fortalecer la trazabilidad.
Desde una perspectiva operativa, goAML no debe entenderse como una carga administrativa, sino como una herramienta de orden, control temprano y análisis de patrones. Su correcta implementación permite estructurar información relevante, mejorar la calidad de los reportes y fortalecer la comunicación entre los sujetos obligados y las autoridades, elevando la efectividad del sistema de prevención.
Capacidad institucional y acción concreta
Un elemento diferenciador del modelo salvadoreño es el rol que desempeñan la Fiscalía General de la República y la Unidad de Investigación Financiera en el fortalecimiento del sistema AML. La UIF, integrada dentro de la estructura fiscal, no se limita a recibir reportes, sino que desarrolla funciones de inteligencia financiera, análisis estratégico y coordinación interinstitucional.
La emisión de guías técnicas específicas para activos digitales, así como el desarrollo de capacidades para el rastreo e incautación de criptoactivos, reflejan un enfoque operativo que trasciende el cumplimiento formal. Desde una perspectiva práctica, la existencia de capacidad real de acción genera un efecto disuasivo frente al uso indebido de los activos digitales y refuerza la credibilidad del marco regulatorio.
El Oficial de Cumplimiento: rol crítico en fintech
La actualización normativa confirma una realidad que el sector fintech conoce bien: no existe espacio para oficiales de cumplimiento meramente nominales. En modelos basados en tecnología y activos digitales, el Oficial de Cumplimiento debe contar con formación especializada, conocimiento del negocio, comprensión tecnológica y capacitación continua.
En la práctica, un oficial sin independencia funcional, sin acceso a la alta dirección o sin capacidad para interactuar con áreas técnicas se convierte en un riesgo para la entidad. La profesionalización de esta figura no solo responde a una exigencia legal, sino que incide directamente en la sostenibilidad del negocio y en la confianza de inversionistas, contrapartes y reguladores.
Oportunidades: el cumplimiento como ventaja competitiva
Desde una perspectiva económica, un sistema AML bien implementado no constituye una barrera para la inversión fintech, sino una ventaja competitiva. Los inversionistas institucionales valoran entornos donde existen reglas claras, supervisión técnica y una gestión de riesgos coherente con el modelo de negocio.
El uso de soluciones RegTech, el fortalecimiento de la debida diligencia y la profesionalización del cumplimiento permiten a las fintech crecer de forma ordenada, reducir riesgos operativos y acceder a mercados internacionales. En este contexto, El Salvador tiene una oportunidad relevante para atraer inversión fintech de mayor calidad, siempre que el crecimiento del sector se sustente sobre estándares sólidos de integridad financiera.
Conclusión
La actualización normativa en materia de prevención de lavado de dinero y activos representa un punto de inflexión para el sector fintech. El cumplimiento ya no puede entenderse como un ejercicio documental, sino como un proceso técnico, dinámico y estrechamente vinculado al modelo de negocio.
El Salvador ha avanzado en la construcción de un marco que permite innovar con reglas claras, fortalecer la supervisión y desarrollar capacidades operativas reales. El desafío ahora es consolidar estos avances mediante la profesionalización del cumplimiento, el uso estratégico de la tecnología y un enfoque basado en riesgo que acompañe, de forma sostenible, el crecimiento del ecosistema fintech.
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La arquitectura jurídica del nearshoring: desafíos, incentivos y certeza local
Escrito por: Alejandra Michelle Recinos | Asociada Benjamín Valdez & Asociados
El régimen de zonas francas en El Salvador ha sufrido una transformación a lo largo de la historia, desde sus inicios se concibió como un modelo de la industrialización, el cual fue evolucionando hasta tener un enfoque en las importaciones y posteriormente ha sido una parte fundamental para la industria textil. Por lo que, durante décadas este esquema ha servido como el motor principal de las exportaciones tangibles del país, pero en todo este esquema, surge la interrogante de ¿Dónde quedan los servicios intangibles? El avance de la digitalización juega un papel fundamental en la economía y el fenómeno del nearshoring ha forzado una transformación profunda en la interpretación y aplicación de la Ley de Zonas Francas.
Para El Salvador, estas tendencias funcionan como una vía estratégica para mejorar su competitividad económica frente al resto de países en la región; y es que, El Salvador goza de una ventaja geográfica, ya que su ubicación lo convierte en un socio natural y óptimo para las empresas de la región que buscan reducir los costos de transporte y los tiempos de entrega, así como para inversionistas locales que desean innovar en áreas que aún no han sido explotadas en el país.
En pleno 2026, las zonas francas ya no deben entenderse solo como un espacio físico en el cual se mueven mercancías pesadas, sino como una plataforma de servicios globales y tecnológicos. La digitalización abre paso a una ventana en la cual los abogados podemos realizar nuestro aporte al asesorar a los inversionistas sobre las diversas áreas de inversión que existen en el país, así como los incentivos fiscales que estos pueden suponer y así trazar su camino hacia el procesamiento de datos y el área tecnológica en general. El Salvador se encuentra ante la oportunidad de redefinir su soberanía económica a través de un marco legal que ya no solo protege bienes, sino flujos de información.
El atractivo que propone la Ley de Zonas Francas a los inversionistas radica en los incentivos fiscales que esta proporciona, los cuales deben ser analizados desde su aplicación práctica en proyectos de larga duración. Sus beneficios son múltiples, pues abarca desde la exención total de derechos arancelarios a la importación de maquinaria, equipo y materias primas, hasta la exención del Impuesto sobre la Renta por períodos que pueden extenderse por 15 o 20 años según la ubicación geográfica de la zona, esta constituye un pilar de la rentabilidad para las empresas que buscan relocalizar sus operaciones, así como nuevas empresas que buscan asentarse en El Salvador.
Sin embargo, la verdadera innovación jurídica reside en los beneficios fiscales que se ofrecen a los Centros de Servicios Compartidos. A diferencia de la manufactura tradicional, donde los activos son tangibles y son víctimas de la depreciación, en estos centros el activo principal es el capital intelectual y la infraestructura tecnológica de conectividad, y es que la digitalización juega un papel clave en la innovación de estos modelos de negocio. Aquí, otros incentivos que la ley proporciona a menudo y se pasan por alto o son subestimados y cobran un protagonismo vital: la exención de impuestos municipales, la inversión local y atractivo que pueden generar en el municipio que se asientan, la generación de empleos enfocados en la juventud, y la exención del Impuesto sobre Transferencia de Bienes Raíces para la adquisición de inmuebles destinados a dicha actividad. Estos elementos son determinantes para establecer espacios regionales que provean servicios tecnológicos, contables, de arquitectura o ingeniería desde suelo salvadoreño hacia mercados globales, optimizando la estructura de costos operativos de manera integral y competitiva.
Sin embargo, uno de los mayores desafíos técnicos para el aplicador del derecho en el contexto del nearshoring es la definición de actividad incentivada. Pues la normativa vigente debe interpretarse de forma evolutiva y sistemática. En el entorno económico actual, el concepto de producción ha trascendido la transformación física de insumos básicos para convertirse en la creación de valor intangible.
La exportación de servicios y la expansión de estos en el territorio salvadoreño, tales como el desarrollo de software, la gestión de datos y el soporte técnico especializado, entra en el ámbito de aplicación de la ley bajo la categoría de servicios vinculados al comercio internacional. Esta interpretación dinámica es vital para dotar de seguridad jurídica a las empresas tecnológicas que no se dedican a mover contenedores por puertos marítimos, sino datos a través de redes de fibra óptica. La certeza de que estas actividades intangibles gozan de la misma protección y beneficios que la manufactura de bienes físicos es lo que permite que El Salvador mantenga una posición competitiva frente a destinos regionales que han sido tradicionalmente más activos en el sector servicios.
Para un inversionista que apuesta por el nearshoring, la ventaja geográfica de El Salvador pierde fuerza si los procesos para asentarse en el país son lentos, burocráticos o impredecibles. La eficiencia del régimen de zonas francas depende, por tanto, de una logística impecable y de la facilitación del comercio como norma administrativa constante.
En este sentido, la adopción de medios tecnológicos para agilizar los procesos y de esta forma otorgar los beneficios a los inversionistas en el menor tiempo posible y la implementación de sistemas de gestión de riesgos basados en modelos predictivos permiten que el control aduanero sea selectivo y altamente eficiente. La seguridad jurídica en este ámbito se traduce en la eliminación de la discrecionalidad de los funcionarios que históricamente ha generado atrasos significativos en los procesos administrativos para otorgar los beneficios correspondientes a los inversionistas y usuarios de zonas francas. Por lo que se debe apostar a un marco legal que garantice el despacho rápido y un sistema ágil entre las instituciones públicas y los administradores de parques industriales es un incentivo tan valioso como cualquier exención tributaria, pues garantiza la continuidad de la cadena de suministro en un mercado que exige inmediatez.
La evolución hacia centros de servicios tecnológicos trae consigo una carga de cumplimiento mucho más sofisticada y globalizada. Ya no se trata únicamente de cumplir con normativas locales; el nuevo estándar exige alinearse con regulaciones globales de protección de datos personales y ciberseguridad.
Las empresas en zonas francas deben garantizar que sus flujos de datos transfronterizos cumplen con marcos internacionales en materia de protección de datos. El Salvador, a través de su arquitectura jurídica, tiene la obligación de estar a la vanguardia y ofrecer un entorno donde la protección de la propiedad intelectual, la protección de datos y la confidencialidad de la información sean pilares inquebrantables para el inversionista.
El paso de la manufactura tradicional de bajo valor agregado a los centros de servicios tecnológicos y manufactura avanzada no es solo una opción estratégica, es una necesidad para la evolución económica y tecnológica de El Salvador. La Ley de Zonas Francas definitivamente se convierte en una herramienta que otorga potencia, pero para que su éxito esté asegurado en el marco del nearshoring dependerá de la capacidad colectiva para ofrecer una gestión administrativa ágil, una infraestructura digital de primer nivel y una seguridad jurídica inquebrantable.
Por lo que, como país, tenemos la oportunidad de rediseñar su destino económico. Al transformar nuestras zonas francas en epicentros de innovación y servicios de alto nivel, no solo atraemos capital extranjero, sino que abrimos paso a que el país pueda ubicarse en el mapa en la economía global. El derecho debe ser el catalizador y el lenguaje común que convierte estas oportunidades en realidades tangibles, prósperas y duraderas para la inversión nacional y extranjera, consolidando al país como un referente de certeza y modernidad en la región.
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Retos jurídicos del nearshoring en El Salvador: inversión, zonas francas y seguridad jurídica
Escrito por: Francisco Murillo | Socio Central Law
El nearshoring se ha consolidado como una de las principales tendencias de relocalización productiva a nivel global. La reconfiguración de las cadenas de suministro, impulsada por tensiones geopolíticas, disrupciones logísticas y la necesidad de reducir riesgos operativos, ha llevado a empresas multinacionales a buscar jurisdicciones cercanas a sus mercados de consumo, con costos competitivos y marcos regulatorios funcionales. En este contexto, El Salvador se posiciona como un destino con alto potencial para atraer inversión extranjera directa, particularmente en sectores como manufactura avanzada, logística, servicios corporativos, tecnología y energía.
Sin embargo, el éxito del nearshoring no depende únicamente de factores macroeconómicos o geográficos. Desde una perspectiva jurídica y de negocios, la clave reside en la capacidad del país para ofrecer certeza legal, agilidad regulatoria y coherencia institucional, especialmente en lo relativo a inversión extranjera, regímenes especiales como zonas francas y mecanismos efectivos de protección jurídica al inversionista.
Este artículo aborda los principales retos jurídicos del nearshoring en El Salvador, desde un enfoque práctico y comercial, analizando el estado actual del marco normativo y los desafíos que deben atenderse para consolidar al país como un hub regional competitivo.
- El nearshoring como oportunidad estratégica para El Salvador
La ubicación geográfica de El Salvador, su dolarización, la cercanía con Estados Unidos y la existencia de tratados comerciales vigentes constituyen ventajas claras para el nearshoring. A ello se suma una narrativa gubernamental activa de atracción de inversión, liderada por entidades como INVEST in El Salvador y el Ministerio de Economía, entre otras, que han intensificado esfuerzos de promoción internacional.
No obstante, desde la óptica del inversionista sofisticado, estas ventajas deben complementarse con estructuras legales claras que permitan instalar operaciones de forma rápida, eficiente y con previsibilidad en el largo plazo. Aquí es donde el derecho corporativo, regulatorio y administrativo adquiere un rol determinante.
- Marco jurídico de la inversión extranjera: avances y retos
El Salvador cuenta con diferentes marcos legales que reconocen principios fundamentales como trato nacional, libre transferencia de capitales y protección contra expropiaciones arbitrarias. En teoría, estos principios alinean al país con estándares internacionales.
En la práctica, sin embargo, persisten retos relevantes:
- Interpretación administrativa variable: criterios no uniformes entre autoridades pueden generar incertidumbre, especialmente en fases críticas como permisos de operación o registros especiales.
- Tiempos regulatorios: aunque la ley establece plazos, en la práctica estos pueden extenderse, afectando cronogramas de inversión.
Para el nearshoring, donde la velocidad de instalación es clave, estos retos pueden inclinar la balanza frente a otros países de la región.
- Zonas francas: pilar del nearshoring
Las zonas francas representan uno de los principales instrumentos para atraer proyectos de nearshoring, al ofrecer incentivos fiscales, aduaneros y logísticos. El régimen salvadoreño, administrado bajo la supervisión del Ministerio de Economía, ha sido históricamente atractivo para manufactura y logística.
Entre sus principales ventajas destacan:
- Exenciones de impuesto sobre la renta y tributos municipales.
- Beneficios arancelarios.
- Infraestructura especializada y proximidad a puertos y carreteras.
No obstante, desde la experiencia práctica, el régimen de zonas francas en El Salvador ha demostrado una capacidad relevante de adaptación jurídica y operativa, particularmente en proyectos vinculados a inversión extranjera y procesos de relocalización productiva.
En la práctica, destacan varios elementos positivos:
- Procesos de calificación y ampliación: el marco normativo permite incorporar nuevas actividades productivas y ajustar operaciones conforme evolucionan los modelos de negocio, ofreciendo un grado razonable de flexibilidad frente a las necesidades del inversionista.
- Versatilidad del régimen: las zonas francas han sabido acomodar distintas estructuras corporativas, esquemas de prestación de servicios y operaciones integradas dentro de cadenas regionales y globales de valor.
- Coordinación interinstitucional: existe una interacción funcional entre las autoridades económicas, aduaneras, laborales y ambientales, que facilita la implementación de proyectos bajo este régimen especial y reduce fricciones operativas.
Gracias a estas características, las zonas francas se mantienen como uno de los instrumentos más sólidos y confiables para canalizar proyectos de nearshoring, alineándose de manera efectiva con modelos productivos modernos y con las exigencias de inversionistas internacionales que buscan certeza jurídica, eficiencia operativa y sostenibilidad en el largo plazo.
- Seguridad jurídica: el factor decisivo para inversiones de largo plazo
La seguridad jurídica constituye uno de los factores más valorados por los inversionistas que evalúan proyectos de nearshoring. En el caso de El Salvador, el marco legal vigente ofrece herramientas bastante sólidas para estructurar inversiones con altos niveles de certidumbre, siempre que se adopte un enfoque jurídico preventivo y estratégico desde las etapas iniciales del proyecto.
Más allá de los incentivos fiscales o logísticos, el país cuenta con principios normativos claros en materia de protección a la inversión, libre transferencia de capitales y reconocimiento de mecanismos alternativos de resolución de controversias, lo que permite diseñar esquemas contractuales alineados con estándares internacionales.
En la práctica, la seguridad jurídica en proyectos de nearshoring se construye a partir de tres elementos clave:
- Planificación normativa anticipada, que permite estructurar la inversión considerando el marco legal aplicable y sus posibles escenarios de evolución.
- Contratación robusta, incorporando cláusulas de estabilidad, arbitraje, ley aplicable y mecanismos de ajuste que protegen la continuidad del negocio.
- Interlocución institucional efectiva, que facilita la interacción con autoridades regulatorias y reduce riesgos operativos durante la ejecución del proyecto.
Desde esta perspectiva, El Salvador ofrece un entorno en el que la seguridad jurídica no debe entenderse como un obstáculo, sino como una variable gestionable que, correctamente estructurada, permite al inversionista operar con previsibilidad y confianza en el largo plazo. El acompañamiento legal especializado se convierte así en un habilitador del negocio, más que en un mecanismo de contención del riesgo.
- Cumplimiento laboral, fiscal y regulatorio: un reto subestimado
En proyectos de nearshoring, la correcta gestión del cumplimiento normativo local se convierte en un factor diferenciador entre una operación eficiente y una con fricciones innecesarias. En El Salvador, áreas como legislación laboral, seguridad social, impuestos indirectos y permisos sectoriales cuentan con marcos regulatorios definidos, que permiten una implementación ordenada cuando son abordados de forma estratégica desde el inicio.
Más que la existencia de estas obligaciones, el valor está en cómo se administran dentro del modelo de negocio:
- La interpretación técnica y aplicación práctica de la normativa, alineada con la realidad operativa del proyecto.
- La integración de políticas corporativas globales con los requerimientos locales, sin afectar estándares internos de cumplimiento.
- La gestión preventiva de contingencias, que reduce exposición a sanciones y fortalece la sostenibilidad del negocio.
En este contexto, el abogado corporativo asume un rol claramente proactivo y estratégico, acompañando al inversionista en la toma de decisiones y contribuyendo a transformar el cumplimiento normativo en un habilitador de eficiencia, continuidad operativa y crecimiento.
- Reflexión final: del discurso a la ejecución jurídica
El nearshoring constituye una oportunidad estratégica concreta para El Salvador, sustentada en condiciones macroeconómicas, geográficas y normativas que permiten estructurar proyectos de inversión con visión de largo plazo. Más que atraer operaciones, el verdadero valor está en consolidarlas, escalarlas y transformarlas en relaciones sostenibles, integradas a la economía local y regional.
Desde la práctica legal y corporativa, el rol del asesor jurídico se vuelve determinante: acompañar al inversionista en la estructuración de soluciones seguras y eficientes, aprovechando el marco normativo vigente, y contribuir a una aplicación técnica que fortalezca la confianza en el sistema.
El Salvador cuenta hoy con los elementos necesarios para posicionarse de manera competitiva en el mapa regional del nearshoring. El desafío (y a la vez la oportunidad) es continuar alineando el derecho y los negocios como aliados estratégicos del crecimiento, generando un entorno donde la inversión no solo llegue, sino permanezca, evolucione y se multiplique en el tiempo.
Articulos
Regímenes especiales y nearshoring en El Salvador: marco legal aplicable a la inversión
Escrito : Linda Cuellar Panozzo | Asociada BLP
El nearshoring se ha consolidado como una de las principales estrategias para la reorganización de cadenas productivas y de prestación de servicios a nivel global. La búsqueda de mayor proximidad a los mercados de destino, la optimización de costos y la necesidad de fortalecer la resiliencia operativa han llevado a múltiples empresas a replantear la ubicación de sus operaciones, con un interés creciente en América Latina. En este contexto, El Salvador ha desarrollado un marco normativo orientado a atraer inversión mediante regímenes especiales que combinan incentivos fiscales con esquemas de calificación y control administrativo.
Desde una perspectiva jurídica, estos regímenes constituyen herramientas relevantes para estructurar proyectos de inversión asociados al nearshoring, particularmente en actividades de servicios, manufactura, tecnología e innovación. Su correcta comprensión resulta clave para evaluar la viabilidad de un proyecto, así como para anticipar sus implicaciones fiscales y regulatorias en el mediano y largo plazo.
Regímenes especiales como instrumento de estructuración de inversión
El ordenamiento jurídico salvadoreño contempla diversos regímenes especiales diseñados para atender distintos perfiles de inversión. Entre los más relevantes se encuentran la Ley de Zonas Francas Industriales y de Comercialización (LZF), la Ley de Servicios Internacionales (LSI) y la Ley de Fomento a la Innovación y Manufactura de Tecnologías (LFIMT), a las que recientemente se suma la Ley para el Fomento de la Expansión de las Inversiones (LFEI). Estas normas no agotan la totalidad del marco legal aplicable a la inversión en El Salvador, pero sí representan algunos de los instrumentos más relevantes en la práctica.
Estos regímenes no operan de forma acumulativa ni automática. Por el contrario, exigen una delimitación precisa del proyecto, tanto en términos de actividad económica como de estructura corporativa y operativa. La selección del régimen aplicable incide directamente en los beneficios disponibles, los compromisos de inversión y empleo, así como en las obligaciones de reporte, auditoría y control.
Zonas francas, reinversión y expansión de operaciones
El régimen de Zonas Francas constituye un pilar del marco de incentivos salvadoreño, especialmente para actividades de manufactura, logística y exportación. Las reformas introducidas a la LZF a finales de 2025 modernizan este régimen, incorporando mayor flexibilidad en materia de áreas verdes, ajustes operativos para desarrollistas y usuarios, y esquemas de prórroga de incentivos condicionados a procesos de reinversión y aumento de empleo.
Un aspecto relevante de estas reformas es la incorporación de esquemas de prórroga de incentivos por plazos adicionales de hasta diez años, siempre que se cumpla con los incrementos en inversión y, según corresponda, en generación de empleo establecidos para desarrollistas, usuarios de zonas francas y depósitos para perfeccionamiento activo. Este enfoque refuerza la lógica de permanencia y crecimiento de las operaciones en el país.
De forma complementaria, la reciente LFEI introduce incentivos dirigidos exclusivamente a empresas ya instaladas en El Salvador que decidan ampliar sus operaciones productivas mediante créditos tributarios aplicables al Impuesto sobre la Renta y exenciones específicas, buscando así incentivar nuevas líneas de producción, infraestructura, logística e investigación asociadas a operaciones existentes, reforzando la continuidad de proyectos de largo plazo
Servicios internacionales y operaciones de valor agregado
La LSI se ha consolidado como uno de los principales vehículos para la instalación de operaciones orientadas a la exportación de servicios, tales como centros de llamadas, procesos empresariales (BPO), tecnologías de la información y actividades especializadas. Este régimen permite a empresas nacionales y extranjeras prestar servicios desde El Salvador hacia el exterior bajo un esquema fiscal preferencial, sujeto a calificación ante el Ministerio de Economía.
La ley establece un régimen de extraterritorialidad aduanera y beneficios fiscales relevantes, entre ellos, la exención del Impuesto sobre la Renta sobre los ingresos incentivados, la exención de impuestos municipales sobre el activo y la libre internación de bienes necesarios para la operación, todo ello condicionado a una delimitación clara de las actividades y espacios autorizados, ya sea en parques o centros de servicios.
Las reformas a la LSI aprobadas en diciembre de 2025, introducen mayor flexibilidad operativa, permitiendo la calificación de múltiples actividades beneficiadas dentro de un mismo proyecto, sujeto al cumplimiento los requisitos aplicables de inversión mínima, generación de empleo y presentación de planes de negocio, así como una mayor flexibilidad en el manejo del requisito de áreas verdes para desarrollistas de parques de servicios. Buscando así, facilitar la expansión de operaciones existentes y permitir modelos de negocio más integrados.
Innovación y manufactura tecnológica como eje del nearshoring moderno
La LFIMT representa un régimen más reciente, orientado a sectores tecnológicos y de innovación; al establecer un régimen especial aplicable a nuevas inversiones en actividades como desarrollo de software, servicios de computación en la nube, inteligencia artificial, análisis de datos, manufactura tecnológica, semiconductores y proyectos de investigación y desarrollo.
Este régimen ofrece incentivos fiscales por un plazo de quince años, incluyendo la exención total del Impuesto sobre la Renta, de retenciones asociadas, de impuestos municipales y de derechos arancelarios a la importación de bienes indispensables para la actividad incentivada, siempre que el beneficiario cuente con un Acuerdo de Calificación vigente emitido por el Ministerio de Economía.
Consideraciones finales para estructurar inversiones bajo regímenes especiales
El marco legal salvadoreño en materia de regímenes especiales ofrece herramientas relevantes para canalizar proyectos de nearshoring, siempre que se comprendan adecuadamente sus alcances, requisitos y limitaciones. Más allá de los incentivos fiscales, estos regímenes establecen reglas claras sobre inversión mínima, empleo, control y permanencia, que deben integrarse desde la fase inicial de planificación. En un entorno de creciente competencia regional, la correcta utilización de estos instrumentos puede constituir un elemento diferenciador para la estructuración y consolidación de inversiones productivas en El Salvador.
Desde una perspectiva práctica, la coexistencia de estos regímenes especiales exige un análisis cuidadoso al momento de estructurar proyectos de nearshoring. La elección entre la LSI, la LFIMT o el régimen de Zonas Francas dependerá de factores como la naturaleza de la actividad, el destino de los servicios o bienes, el nivel de integración con el mercado local, los requerimientos de infraestructura y los planes de expansión futura. En este contexto, una planificación legal y fiscal previa resulta determinante para asegurar la consistencia del proyecto con el marco normativo aplicable.
La experiencia reciente demuestra que una estructuración adecuada no solo maximiza los incentivos disponibles, sino que también permite al inversionista operar dentro de un marco normativo claro, con reglas definidas sobre elegibilidad, obligaciones y mecanismos de control. Por lo que, la coordinación temprana constituye un elemento clave para la correcta implementación del proyecto y la sostenibilidad de los beneficios otorgados.
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