Economía

Electromovilidad y transporte refrigerado: el nuevo desafío de competitividad logística para 2025–2026

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La electromovilidad pasó en pocos años de ser una alternativa tecnológica a convertirse en un factor determinante para la competitividad y el cumplimiento regulatorio en la logística moderna. Para 2025–2026, empresas que dependen del transporte refrigerado —como alimentos, farmacéutica y comercio electrónico— enfrentarán un entorno más estricto en materia ambiental, mayores exigencias de trazabilidad y una presión creciente por reducir costos operativos.

Aunque la discusión se ha acelerado en México, este cambio también es relevante para El Salvador, donde el Gobierno ha impulsado incentivos a vehículos eléctricos, instaló los primeros corredores de carga en el Gran San Salvador y discute estándares para flotas comerciales. Sin embargo, el transporte refrigerado eléctrico aún es incipiente en Centroamérica, lo que abre desafíos y oportunidades para las empresas salvadoreñas que buscan integrarse a cadenas de suministro regionales.

México fija metas obligatorias y presiona a su sector logístico

México se comprometió a que 50% de las ventas de vehículos ligeros sean eléctricos para 2030, una meta que refuerza la presión ambiental sobre sectores intensivos en energía, como el transporte refrigerado urbano.

De acuerdo con estudios del SEI, CUT y GCoM, las operaciones urbanas —incluidos vehículos de reparto con temperatura controlada— pueden aportar hasta 29% del abatimiento energético necesario al 2050. Sin embargo, la adopción en flotas refrigeradas sigue rezagada pese al compromiso internacional.

José Carlos Gómez, director de Ventas LAR Norte de Thermo King, afirma que estas unidades deben estar “en el centro de la transformación”, debido al alto consumo energético y la operación intensiva en ciudades.

¿Qué implica la electromovilidad para el transporte refrigerado?

La electromovilidad consiste en sustituir tecnologías basadas en diésel por sistemas eléctricos capaces de mantener temperatura sin emitir gases contaminantes. En países como Estados Unidos ya existen regulaciones estrictas: California prohibirá las unidades de refrigeración diésel a partir de 2029.

En México, la regulación avanza más lento, pero la presión del nearshoring obliga a empresas a adaptarse. La tendencia también impactará a El Salvador, especialmente a compañías que exportan hacia Norteamérica o integran cadenas regionales de alimentos y farmacéutica.

Los retos principales incluyen:

infraestructura de carga insuficiente en corredores logísticos

financiamiento y costos iniciales elevados

capacitación técnica para operar y dar mantenimiento a unidades eléctricas

necesidad de reconversión de flotas urbanas

Aun así, especialistas señalan que el país —y la región— pueden aprovechar la transición si actúan de forma anticipada.

Ventajas competitivas: menos costos y mejor cumplimiento normativo

Para 2025–2026, las empresas que migren a tecnología eléctrica en transporte refrigerado podrán obtener beneficios directos:

Reducción de costos operativos: menos mantenimiento, menor gasto energético.

Cumplimiento regulatorio: alineación con estándares ambientales regionales.

Acceso a contratos con exigencias ESG: especialmente en alimentos perecederos y medicamentos.

Operación silenciosa: útil para entregas nocturnas en ciudades.

Mejor reputación corporativa: trazabilidad verde y reducción de emisiones directas.

Entre las soluciones disponibles destacan sistemas eléctricos de cero emisiones, baterías de alto rendimiento, unidades silenciosas y modelos escalables compatibles con financiamiento verde e incentivos internacionales.

Impacto para El Salvador: una oportunidad estratégica

Aunque México marca el ritmo normativo, El Salvador ya inició su propia transición:

expansión de puntos de carga en zonas urbanas

incentivos fiscales para importación de vehículos eléctricos

primeras pruebas piloto de camiones eléctricos ligeros

proyectos privados para electrificar flotas de distribución urbana

Para el sector salvadoreño de alimentos, bebidas, farmacéutica y comercio electrónico —todos dependientes de cadena de frío— la transición será clave para competir en mercados que exigen logística sustentable.

La electromovilidad redefine la competitividad logística en la región. Para empresas salvadoreñas y mexicanas, el transporte refrigerado eléctrico no es solo una opción tecnológica: es una condición para mantenerse vigentes en cadenas de suministro que buscan eficiencia, baja huella ambiental y cumplimiento normativo.

Como resume Gómez, de Thermo King: “No se trata solo de reemplazar motores diésel por baterías, sino de repensar toda la cadena logística con enfoque en eficiencia y sostenibilidad”.

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