Economía

El laboratorio salvadoreño que desafía la exclusión financiera en América Latina

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Durante décadas, invertir en América Latina ha sido un territorio reservado para una minoría. No por falta de interés, sino por un sistema diseñado con barreras altas: montos mínimos inaccesibles, trámites extensos y una educación financiera que nunca llegó a la mayoría. Hoy, ese esquema empieza a resquebrajarse desde un punto inesperado del mapa regional: El Salvador.

Las cifras revelan la magnitud del problema. Menos del 2 % de los latinoamericanos participa activamente en los mercados bursátiles y cerca del 68 % nunca ha recibido educación financiera formal, según el Informe de Inclusión en el Mercado Latinoamericano 2025, elaborado por Bitfinex Securities. El resultado ha sido una exclusión persistente que golpea con más fuerza a mujeres, jóvenes, adultos mayores y comunidades rurales.

En ese escenario, la tokenización de activos comienza a perfilarse como una alternativa concreta y no solo como una promesa tecnológica. Al transformar instrumentos tradicionales —como deuda, capital privado o bienes inmuebles— en valores digitales respaldados por blockchain, este modelo está alterando la lógica del acceso al capital y la inversión.

El cambio no es solo conceptual. Los costos de emisión de valores, que en los esquemas tradicionales rondan el 7 %, pueden reducirse a entre 2 % y 4 %, mientras que los plazos para colocar un activo en el mercado se acortan drásticamente: de procesos que solían tomar meses o años a períodos de entre 60 y 90 días. A ello se suma la posibilidad de fraccionar la propiedad y operar sin interrupciones, las 24 horas del día, lo que permite invertir con montos mínimos, incluso desde un dólar.

Este marco ha encontrado en El Salvador un terreno fértil. El país cuenta con una regulación específica para activos digitales que habilita la tokenización de deuda, capital, fondos e inmuebles, tanto en emisiones privadas como soberanas.

Para Jesse Knutson, director de operaciones de Bitfinex Securities, esta arquitectura legal ha colocado a El Salvador entre las jurisdicciones más avanzadas del mundo en esta materia y lo ha convertido en un punto de referencia emergente en la región.

Más allá del discurso, la apuesta salvadoreña plantea una pregunta incómoda para los mercados tradicionales: ¿es posible democratizar la inversión sin sacrificar regulación ni transparencia? La experiencia local sugiere que sí. Hoy, cualquier residente salvadoreño puede acceder a instrumentos financieros regulados con requisitos básicos de identificación y verificación, algo impensable en la mayoría de países latinoamericanos.

Este debate tomará forma el próximo 29 de enero, cuando reguladores, actores del sistema financiero, emisores e inversionistas se reúnan en San Salvador durante el Bitfinex Securities Day, un encuentro que busca discutir el futuro de los mercados de capitales en la era de los activos tokenizados. La agenda incluye el rol del Estado, la confianza regulatoria y el potencial de atraer capital internacional sin reproducir viejas desigualdades.

Lo que ocurre en El Salvador todavía está lejos de ser un modelo acabado. Pero en una región donde la exclusión financiera ha sido la norma, el experimento resulta difícil de ignorar. La tokenización, más que una innovación técnica, empieza a funcionar como una grieta en un sistema que durante años cerró la puerta a millones. La pregunta ya no es si la tecnología puede cambiar las reglas del juego, sino quién está dispuesto a dejarla hacerlo.

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