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Organizaciones criminales en América Latina amplían actividades más allá del narcotráfico

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Las organizaciones criminales de América Latina están ampliando de forma acelerada sus operaciones más allá del narcotráfico. Según nuevos análisis regionales, los grupos han diversificado sus actividades hacia la extorsión, la trata de personas, el contrabando y la minería ilegal. Esta expansión, impulsada por la corrupción y la debilidad institucional, está generando mercados ilícitos más dinámicos y complejos que afectan directamente a la seguridad regional.
El informe “The Armed Conflict Survey 2025”, del no gubernamental Instituto Internacional para Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés) publicado esta semana, detalla información sobe este peligroso fenómeno en la región.

Redes criminales adoptan nuevos modelos de negocio

El ecosistema criminal ha cambiado drásticamente durante la última década. Las grandes organizaciones, como el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Clan del Golfo, conservan su poder. Sin embargo, ahora operan con mayor flexibilidad, creando alianzas fluidas dentro y fuera de la región.

Los grupos adoptan modelos de negocio oportunistas para obtener ganancias rápidas. Ya no dependen de un solo mercado ilícito, sino que participan en múltiples actividades que abarcan rutas globales hacia Europa, Estados Unidos y Oceanía. Este enfoque les permite reforzar su presencia territorial y multiplicar sus ingresos.

Extorsión, trata y minería ilegal ganan terreno en la región

Aunque el narcotráfico sigue siendo la principal fuente de ingresos, otros delitos han ganado protagonismo, de acuerdo al reporte. La extorsión, la trata de personas y la minería ilegal se expanden rápidamente en varios países. Estas actividades requieren control territorial, lo que ha provocado disputas violentas entre pandillas locales y grupos transnacionales.

Organizaciones como el Tren de Aragua de Venezuela y el Primer Comando Capital de Brasil ejemplifican esta tendencia. Ambas han ampliado su presencia continental mediante violencia, corrupción y alianzas estratégicas, aprovechando la vulnerabilidad de comunidades migrantes y la debilidad institucional.

Crecimiento de las drogas sintéticas cambia el mapa criminal

El aumento del consumo de fentanilo y metanfetamina en Estados Unidos ha transformado los mercados ilícitos. La producción de drogas sintéticas resulta más rentable y difícil de rastrear. Su fabricación depende principalmente de precursores químicos provenientes de países con controles laxos, como China.

A diferencia de la cocaína o la marihuana, las drogas sintéticas no requieren grandes extensiones de tierra ni logística agrícola. Su bajo costo de producción y alto margen de ganancia han incentivado a los cárteles a reconfigurar sus operaciones. Esto afecta directamente a los países de tránsito, incluidos los de Centroamérica.

Migración irregular, una nueva fuente de ingresos criminales

El aumento de la migración irregular también ha sido aprovechado por redes criminales. El Clan del Golfo en Colombia y el Tren de Aragua han explotado las necesidades de personas que cruzan rutas peligrosas como el Tapón del Darién. Estas organizaciones cobran “impuestos” a migrantes y controlan violentamente territorios estratégicos.

En 2023, más de 520,000 migrantes cruzaron el Darién. Aunque el flujo disminuyó en 2024 por cambios en las políticas migratorias de Estados Unidos y Panamá, los migrantes que aún se desplazan continúan expuestos a extorsiones, trata y explotación sexual.

Violencia y criminalidad se expanden en países clave

El incremento de la violencia en Ecuador está relacionado con disputas entre redes aliadas a cárteles mexicanos y grupos locales. Los enfrentamientos han fortalecido el control criminal sobre la minería ilegal, un mercado que crece en toda América del Sur.

En ese país, la minería ilícita de oro ha sido documentada en 22 de 24 provincias desde 2019. Los grupos reinvierten ganancias del narcotráfico para controlar territorios, lo que amplía otras actividades criminales como el tráfico de mercurio, armas y drogas.

Estados enfrentan dificultades para responder

Los gobiernos latinoamericanos han intentado adaptar sus estrategias, pero no logran mantenerse al ritmo de la evolución criminal. La complejidad de las nuevas redes exige políticas que integren inteligencia, cooperación internacional y fortalecimiento institucional.

Expertos advierten que cambios recientes en las políticas de Estados Unidos, incluyendo restricciones migratorias y ajustes en la ayuda exterior, podrían generar impactos adicionales en la región. Estas medidas pueden alterar rutas de migración irregular y empujar a organizaciones criminales a crear nuevas oportunidades ilícitas.

Un reto para la región y un riesgo para El Salvador

Para países como El Salvador, donde las políticas de seguridad han sido centrales en el debate nacional, la diversificación de las economías criminales en la región plantea desafíos adicionales. Las transformaciones en los mercados ilícitos, la presencia de actores extrarregionales y la rápida adaptación de grupos criminales pueden generar nuevas presiones en las rutas centroamericanas.

Además, los cambios en patrones de consumo en Estados Unidos y Europa reconfiguran las dinámicas del narcotráfico, lo que obliga a los países a reforzar sus respuestas y a comprender mejor las nuevas alianzas criminales.

La necesidad de una estrategia integral y regional

Especialistas coinciden en que los Estados necesitan estrategias más amplias que combinen seguridad, justicia y programas de prevención. La cooperación regional, el fortalecimiento de instituciones judiciales y la reducción de la impunidad son pasos clave para mitigar el avance de estas redes criminales.

Mientras los mercados ilícitos sigan diversificándose, la región deberá enfrentar un panorama más complejo y desafiante, con impactos directos en la estabilidad democrática y la seguridad ciudadana.

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