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Las nuevas tecnologías de la información: Un desafío para la protección de los derechos fundamentales

Por Ivette Cardona

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En pleno auge del siglo XXI, el modelo de sociedad global es cada vez más heterogénea y compleja pero interconectada a la vez, que se explica, entre otros factores, por la expansión de las nuevas tecnologías derivadas de la IA como la recopilación de volúmenes de datos (Big data), mecanismos de su automatización, Realidad aumentada (AR), Realidad Virtual (VR), Robótica, Smart Cities, seguridad de la información en la Nube, sistemas de encriptación mediante el Blockchain, Marketing Digital, entre otras innovaciones, que hoy por hoy son parte de nuestra vida cotidiana. Dichos mecanismos crean la convicción en la sociedad de poder tener resoluciones algorítmicas de problema cotidianos de forma inmediata, utilizando asistentes virtuales; de la facilidad de la comunicación sin límites de espacio, fronteras y en tiempo real; del alcance de la información globalizada mediante diferentes métodos de búsqueda digital; de nuevos modelos de negocios a través de sistemas informáticos con el uso de la robótica y la creación de contratos inteligentes, del comercio electrónico y financiero mediante App´s, de la educación virtual, de algoritmos que crean predicciones climáticas, del uso de datos para ofrecer publicidad y productos comerciales, incluso de selección de personal en el ámbito laboral, entre otros.

Y, efectivamente, tal como lo expresan expertos en la materia, la IA es en estos tiempos “una forma de sobrevivencia”, ya que, mediante los imputs que se aporten a los asistentes virtuales, se puede obtener los outputs que se requieren para disponer de información inmediata sobre cualquier temática; de igual forma, las empresas pueden crear, diseñar y proponer estrategias y soluciones de negocios viables y asequibles, lo cual tiende a reemplazar aquellos formatos ortodoxos, lo que evidentemente genera ahorro de tiempo, recursos y mayor ventaja competitiva; asimismo, el Estado puede utilizar dichas herramientas para efectuar una mejor regulación y supervisión.

La virtualidad práctica de las nuevas tecnologías en estos entornos de cambio ha generado que cualquier persona tenga acceso a ellas, pero es prioritario que su uso sea debidamente comprendido. Y es que la exposición indiscriminada y en demasía de la vida privada como manifestación de preferencias, exhibición de fotografías, comentarios, etc., en diferentes plataformas y redes sociales, implica el dominio virtual de los comportamientos humanos particulares, incluso, algunos sostienen que las redes sociales tienen mejor conocimiento de nosotros mismos que nuestra propia familia. Dentro de ese contexto, la privacidad, los datos, la propiedad intelectual, entre otros, se pone en riesgo, pues el uso de dicha información para otros fines y sin consentimiento puede causar perjuicios para la esfera jurídica de cualquier persona o grupo social.

Dicha dinámica fáctica que se encuentra en constante cambio y progreso requiere que la norma jurídica se adecue a ese ritmo creciente del desarrollo tecnológico, de forma estratégica y efectiva, a fin de que el binomio o ecuación norma-realidad responda a esta nueva coyuntura. De ahí el desafío para el Derecho, que debe generar certeza y seguridad jurídica respecto de los nuevos espacios en los que la información privada, puede estar expuesta a través de las herramientas de la IA, debiendo implementar mecanismos y procedimientos eficaces y accesibles para tutelar lo que en definitiva es el objetivo del Derecho: los derechos fundamentales. Y es que los derechos y garantías clásicas ya no pueden ejercerse

por los cauces previstos tradicionalmente, pues requieren de recursos eficaces que prevean los riesgos y peligros reales que puede ocasionar ese auge de la transformación digital y potencial incidencia en la vida diaria de la sociedad global.

Se trata entonces de que el Derecho pueda situarse a la vanguardia en el contexto de las eventuales incidencias negativas que los mecanismos de la IA puedan tener en ese ámbito jurídico. En el ordenamiento jurídico salvadoreño dicho desafío se ha asumido en los últimos lustros mediante la promulgación de normativas con diferentes objetivos, pero con el común denominador de proteger los derechos que más riesgo pueden tener ante su exposición mediante las nuevas tecnologías como la seguridad y control de datos, la vida privada y la propiedad intelectual. Entre las normas más recientes se encuentran la “Ley de Fomento a Inteligencia Artificial y Tecnologías” y la Ley de Protección de Datos Personales, marcos regulatorios que permiten gestionar los riesgos que representa el uso de los modelos o tecnologías derivados de la IA garantizando el respeto a los principios éticos, y establecen regulaciones estandarizadas que generen la seguridad de la información. Otra norma importante es la Ley de Regulación de los Servicios de Información sobre el Historial Crediticio de las Personas que fue pionera en la regulación de datos, aunque restringida al ámbito crediticio, porque ha sido la primera ley que se promulgó tras la importante jurisprudencia constitucional relativa a la protección de la autodeterminación informativa como derivación del derecho a la intimidad personal, regulada en el artículo 2 de la Constitución. Dicha ley complementa la regulación de la Ley de Protección al Consumidor sobre el derecho al acceso de datos y de exigir su actualización y eliminación de datos erróneos en el ámbito del comercio electrónico y servicios financieros.

La protección de datos personales también es el leit motiv de la Ley de Acceso a la Información Pública, Ley de Comercio Electrónico, Ley de Firma Electrónica y la Ley para Facilitar la Inclusión Financiera, que estableciendo reglas sobre el tratamiento y garantía del resguardo de los datos. Finalmente, como última ratio, se ha promulgado la Ley de Ciberseguridad y Seguridad de la Información, con la cual se busca resguardar la información y prevenir posibles delitos.

Este andamiaje normativo demuestra cómo recientemente el ordenamiento jurídico ha tratado de cerrar la brecha entre la norma y la realidad regulando los supuestos de hecho y las consecuencias jurídicas de las situaciones generadas por la transformación tecnológica que han sido posible prever. Pero el desafío sigue siendo constante ante la creciente evolución de la IA, que, si bien provee herramientas útiles para el desarrollo social, económico y cultural, su innovación debe ir de la mano de la ética, la transparencia y la responsabilidad respecto al manejo, seguridad y control de datos, de la privacidad, de propiedad intelectual y en definitiva de los derechos fundamentales en riesgo. Innovación tecnológica y seguridad de la información: un reto para el Derecho. 

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