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Ética y confidencialidad en el uso de datos e IA

Eva Galicia | Legal Ops Director, Legalítika

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Adoptar un enfoque ético en el manejo de datos personales no es solo una obligación legal, sino también una ventaja competitiva. Las empresas que priorizan la transparencia y la protección de datos construyen relaciones más sólidas con sus clientes, fortalecen su reputación y minimizan riesgos operativos y legales.

El dilema de los datos personales en la era de la inteligencia artificial

En una era dominada por el uso de tecnologías de inteligencia artificial (IA), los datos personales han dejado de ser simples registros para convertirse en activos de alto valor. Esto plantea un reto ético significativo: ¿cómo equilibrar la innovación tecnológica con la protección de derechos fundamentales como la privacidad? En El Salvador, la reciente aprobación de la Ley de Protección de Datos Personales y la Ley de Ciberseguridad ofrece un marco jurídico claro para abordar este desafío, pero la implementación requiere un compromiso tanto normativo como empresarial.

Las empresas que desarrollan o implementan tecnologías basadas en IA deben actuar como guardianes de la confidencialidad, respetando los principios legales y éticos que protegen a los titulares de datos. Sin embargo, ¿están realmente preparadas para asumir esta responsabilidad?

La base del cumplimiento se encuentra en los principios esenciales para el manejo ético de datos, ya que los datos personales son el combustible que impulsa los sistemas de IA, pero su uso debe respetar principios fundamentales que garanticen la protección de los derechos de las personas.

La interacción de los principios establecidos en la Ley de Protección de Datos Personales y la Ley de Ciberseguridad en El Salvador refleja un marco normativo robusto que aborda la protección de datos desde su recolección hasta su gestión en entornos digitales, priorizando la seguridad y los derechos de los titulares.

La Ley de Protección de Datos Personales enfatiza principios clave como la exactitud y la minimización de datos, exigiendo que los datos sean actualizados, suficientes y pertinentes para los fines específicos declarados. Estos principios se alinean con el de transparencia, que obliga a informar al titular sobre las características del tratamiento, asegurando que las finalidades y el período de almacenamiento sean claros y accesibles. Por otro lado, la Ley de Ciberseguridad complementa estas disposiciones al exigir medidas de seguridad por diseño, promoviendo que los sistemas informáticos prioricen la ciberseguridad desde su concepción, y gestión de riesgos, para identificar amenazas potenciales y mitigarlas oportunamente.

El principio de licitud exige que el tratamiento de datos se base en consentimiento informado o en una finalidad legítima establecida en la ley, mientras que la ciberseguridad refuerza la confidencialidad e integridad de la información, garantizando que sólo accedan usuarios autorizados y evitando alteraciones o pérdidas no autorizadas. Ambos marcos también destacan la temporalidad y la proporcionalidad, limitando el tiempo de conservación de datos y ajustando las medidas de seguridad según el riesgo inherente.

En conjunto, estas normativas no solo protegen los derechos fundamentales de los ciudadanos y usuarios, sino que también ofrecen directrices claras a las empresas e instituciones, incentivando una cultura de responsabilidad y prevención en el manejo de la información. Este enfoque integral asegura un equilibrio entre innovación tecnológica y respeto por la privacidad.

El rol de las empresas: de usuarios a custodios responsables de datos

En el ecosistema empresarial, las organizaciones que desarrollan tecnología basada en IA no solo son usuarias de datos personales, sino también custodios responsables de su manejo. Este rol va más allá del cumplimiento normativo; implica adoptar una postura ética frente a los derechos de las personas.

Un punto crítico es el diseño de algoritmos de IA. Desde su concepción, estos sistemas deben integrar medidas de privacidad, siguiendo el concepto de “privacidad desde el diseño” (privacy by design). Esto incluye limitar la recopilación de datos a lo estrictamente necesario, anonimizar o pseudonimizar la información sensible y garantizar que los procesos sean auditables.

Además, las empresas deben establecer políticas de gobernanza que incluyan:

   •   Capacitación interna: Formar a los equipos en temas de privacidad y ética en el manejo de datos es esencial para evitar prácticas inadecuadas.

   •   Auditorías regulares: Verificar el cumplimiento de las políticas internas y garantizar que los algoritmos operen sin sesgos discriminatorios o errores sistemáticos.

   •   Evaluaciones de impacto: Antes de implementar sistemas de IA, es necesario realizar análisis que identifique posibles riesgos para la privacidad y los derechos de los usuarios.

El reto de la transparencia en la inteligencia artificial

Uno de los mayores desafíos que enfrentan las empresas que utilizan IA es explicar cómo funcionan sus sistemas de forma comprensible para los usuarios. La transparencia algorítmica no solo es una obligación ética, sino también un requisito para cumplir con los principios de transparencia establecidos en la ley.

Esto se vuelve especialmente relevante en decisiones automatizadas que afectan significativamente a las personas, como la aprobación de un crédito, la selección de personal o la clasificación de riesgos. En estos casos, las empresas deben ser capaces de responder preguntas fundamentales:

   •   ¿Qué datos se utilizaron para entrenar el modelo?

   •   ¿Qué criterios se aplicaron para tomar la decisión?

   •   ¿Existen mecanismos para que el usuario pueda impugnar o cuestionar los resultados?

Confidencialidad e integridad: pilares de la seguridad en IA

En el ámbito de la Ley de Ciberseguridad, las empresas tienen la obligación de garantizar la confidencialidad e integridad de los datos personales utilizados en sus sistemas de IA. Esto implica para las empresas que usan IA, implementar medidas robustas de seguridad, como:

   •   Encriptación de extremo a extremo para proteger la información durante su transferencia y almacenamiento.

   •   Autenticación multifactorial para limitar el acceso a datos sensibles.

   •   Notificación de incidentes permitiendo una respuesta rápida a posibles brechas de seguridad.

La confidencialidad no solo protege a las empresas de sanciones legales, sino que también fortalece su reputación, generando confianza entre los usuarios y los socios comerciales.

Los beneficios de un enfoque ético en la IA

Adoptar un enfoque ético en el manejo de datos personales no es solo una obligación legal, sino también una ventaja competitiva. Las empresas que priorizan la transparencia y la protección de datos construyen relaciones más sólidas con sus clientes, fortalecen su reputación y minimizan riesgos operativos y legales.

Además, al alinearse con estándares internacionales como el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), las organizaciones salvadoreñas pueden posicionarse como líderes en mercados globales, demostrando que cumplen con las exigencias más estrictas en protección de datos.

En conclusión , la implementación de tecnologías de inteligencia artificial en las empresas requiere un compromiso activo con el uso ético de los datos personales y la confidencialidad. En El Salvador, la Ley de Protección de Datos Personales y la Ley de Ciberseguridad establecen un marco normativo que, si bien plantea desafíos en su aplicación, ofrece una base sólida para garantizar la transparencia, la integridad y la confianza en el entorno digital.

En última instancia, el éxito de estas normativas dependerá de la capacidad de las empresas para asumir un rol activo en la protección de los derechos de los titulares de datos, adoptando prácticas de gobernanza que equilibren la innovación tecnológica con el respeto por la privacidad. Este enfoque no solo protege a los ciudadanos, sino que también fortalece la posición de El Salvador como un referente regional en la regulación de la tecnología y la inteligencia artificial.

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