Economía

El nuevo arancel de Trump golpea a Apple: fabricar un iPhone ya cuesta 300 dólares más

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La reciente decisión del expresidente Donald Trump de imponer un arancel del 104% a todos los productos importados desde China ha sacudido con fuerza al gigante tecnológico Apple. La medida, que busca proteger la industria estadounidense, ya ha tenido consecuencias directas: el coste de producción de un iPhone se ha disparado en más de 300 dólares.

Apple, que fabrica la mayoría de sus dispositivos en China, se ve ahora obligada a enfrentar un sobrecoste que afecta directamente a su producto estrella: el iPhone. El modelo iPhone 16 Pro Max, por ejemplo, pasaría de costar 550 dólares en producción a unos 850 dólares, según cifras publicadas por The Wall Street Journal.

Este incremento podría trasladarse a los consumidores. Un informe de Rosenblatt Securities, recogido por Reuters, señala que los precios del iPhone podrían aumentar hasta un 43%. Así, el modelo más caro —el iPhone 16 Pro Max de 1 terabyte— pasaría de 1.599 a casi 2.300 dólares en Estados Unidos.

En Europa, especialmente en países como España, el impacto también podría sentirse, aunque de forma distinta por los ya elevados precios base: el mismo modelo ya cuesta en torno a los 1.969 euros.

Las repercusiones no se han hecho esperar. Apple ha perdido cerca de un 23% de su valor bursátil desde que se anunciaron los aranceles, lo que equivale a más de 300.000 millones de dólares evaporados. La caída ha permitido que Microsoft recupere el primer lugar como la compañía con mayor capitalización del mundo.

Ante la emergencia, Apple ha reaccionado con rapidez: fletó cinco aviones con iPhones ensamblados en India para abastecer el mercado estadounidense antes de la entrada en vigor del arancel. Sin embargo, esta solución es temporal y costosa. Además, los productos procedentes de India y Vietnam también han sido alcanzados por nuevos aranceles del 27% y 46%, respectivamente.

La tensión comercial ha resucitado un viejo debate: ¿por qué Apple no fabrica en EE.UU.? La respuesta, según los propios fundadores y ejecutivos de la empresa, es simple: no existe en el país la infraestructura ni el volumen de ingenieros cualificados necesarios. China sigue ofreciendo ventajas en costes, velocidad y capacidad técnica que hoy no pueden replicarse en suelo estadounidense.

Con el mercado global en alerta, las decisiones políticas vuelven a poner en jaque a la industria tecnológica. Y mientras se redefinen las reglas del juego comercial, los consumidores podrían ser los primeros en pagar el precio.

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