Economía
Centroamérica mantiene su base agrícola pese a menor peso en el PIB, con oportunidades clave para El Salvador
Centroamérica sigue siendo una región con fuerte identidad agropecuaria, aunque el peso del sector en el producto interno bruto (PIB) ha disminuido en las últimas décadas. Así lo señala un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que destaca una transformación productiva más que una pérdida de relevancia económica.
El estudio indica que la contribución del sector agropecuario al PIB de los países centroamericanos oscila entre el 2 % y el 15 %. Aunque la participación relativa ha bajado en toda la subregión, el valor agregado y la inversión en el sector agropecuario, pesquero y silvícola muestran un crecimiento sostenido, impulsado por mejoras productivas y mayor capitalización.
El agro y el empleo: contrastes en la región
Las diferencias entre países se reflejan con claridad en el empleo agrícola. Guatemala, Nicaragua y Honduras concentran los mayores niveles de ocupación en actividades agropecuarias, con participaciones que superan el 24 %.
En contraste, economías más diversificadas muestran menor dependencia laboral del campo. En ese grupo se ubican Belice, Panamá, El Salvador y Costa Rica. En el caso salvadoreño, el empleo agrícola representa el 14.9 % del total, una proporción menor que en el norte de Centroamérica, pero aún relevante para el desarrollo rural y la seguridad alimentaria.
El Salvador: producción agrícola con peso estratégico
Según la CEPAL, el sector agropecuario aporta el 4.6 % del PIB de El Salvador. El país cuenta con unas 1.19 millones de hectáreas cultivadas, dedicadas principalmente a bananos, piña, café verde y preparados para consumo humano.
Aunque su peso económico es moderado frente a países como Nicaragua u Honduras, la agricultura salvadoreña mantiene un rol estratégico en las exportaciones, el empleo rural y la estabilidad de las cadenas alimentarias.
Radiografía agrícola de Centroamérica
El informe presenta un panorama diverso en la región:
Belice: el agro aporta el 11.3 % del PIB, con 181,000 hectáreas cultivadas y exportaciones centradas en azúcar y bananos.
Costa Rica: contribución del 4.1 % al PIB y 1.76 millones de hectáreas cultivadas, con énfasis en café y productos procesados.
Guatemala: participación del 9.2 % del PIB y 4.6 millones de hectáreas, con liderazgo en bananos, café y azúcar.
Honduras: el sector representa el 10.8 % del PIB, con 3.5 millones de hectáreas cultivadas.
Nicaragua: destaca con el 16.9 % del PIB y más de 5 millones de hectáreas, impulsadas por carne bovina y café.
Panamá: menor peso relativo, con 2.7 % del PIB, pero amplia superficie agrícola.
Financiamiento climático y créditos de carbono
El estudio de la CEPAL también analiza el uso de instrumentos de precio al carbono, en especial los créditos de carbono, como una vía para acceder a financiamiento climático en el sector agropecuario de los países del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).
La Comisión señala que estos mecanismos pueden generar ingresos adicionales y fortalecer capacidades institucionales. Sin embargo, advierte que no sustituyen una estrategia integral de financiamiento climático, que combine políticas públicas, inversión privada y cooperación internacional.
Emisiones agrícolas: una tendencia a la baja
A nivel global, la agricultura, silvicultura y otros usos de la tierra generan el 22 % de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). En América Latina y el Caribe, este sector concentra el 58 %, debido principalmente a cambios en el uso del suelo.
En los países del SICA, la participación de la agricultura en las emisiones totales ha disminuido de forma sostenida. Según la CEPAL, pasó del 53.9 % en la década de 1970 a 28.7 % en 2022. Esta reducción confirma una tendencia estructural, pese a que el sector sigue siendo clave para el empleo, la producción y el desarrollo rural.
Un sector en transformación con impacto regional
Para El Salvador y la región, el informe muestra un agro que pierde peso relativo en el PIB, pero gana en productividad, inversión y eficiencia ambiental. En ese contexto, el acceso a financiamiento climático y la modernización productiva aparecen como factores decisivos para mantener la competitividad del sector agrícola centroamericano.


